1 dic. 2016

AUTHORITAS SPIRITUALIS ET POTESTAS TEMPORALIS

Tradicionalismo es sinónimo de trifuncionalidad. Quién niege la existencia y/o la relevancia de la casta es un modernista, independientemente de sus posiciones en otros aspectos. Por esto el presente artículo, prometido desde antiguo, es clave para entender mi cosmovisión. En 1929, René Guenon publicó Autoridad Espiritual y Poder Temporal. Ese mismo año, Julius Evola le respondió con otro artículo con el mismo título. Finalmente, en 1942, Ananda Coomaraswamy publicó un ensayo sobre la misma cuestión, titulado Poder Espiritual y Autoridad Temporal en la Teoría India del Gobierno. Estos tres metafísicos, principales adalides de la trifuncionalidad, llegan a conclusiones muy diferentes. Veámoslas:

Al analizar la Historia, Guenon observa un patrón de rivalidad entre Autoridad Espiritual y Poder Temporal, que en la India enfrentó a brahmanes y chatrias y en Europa al Papado y al Imperio. La casta guerrera, tras someterse inicialmente a la casta sacerdotal, se rebela negando la primacía de la Autoridad Espiritual, a fin de subordinar al clero y convertirlo en una burocracia a su servicio. Respecto a la monarquía, la Autoridad Espiritual consiste en el conocimiento de los principios, libre de toda aplicación, lo que implica que el sacerdocio es custodio y oráculo de la Tradición. Lo Espiritual es a lo Temporal lo que la Autoridad al Poder: mientras lo segundo depende de medios externos para manifestarse, lo primero es interno y se asienta en sí mismo. Esto implica que la nobleza debe subordinarse al sacerdocio tal como la acción debe subordinarse al pensamiento, pues este provee a la acción de sus leyes. A cambio de este vasallaje, el sacerdocio concede a la nobleza su legitimidad en el Orden Divino, como refleja la coronación de los reyes, que son ilegítimos hasta que reciben la realeza de manos de un sacerdote. En la Rebelión de los Chatrias, estos buscan emanciparse de la Autoridad Espiritual, negándola, con lo que el Poder Temporal destruye inconscientemente el fundamento de su propia existencia. Incapaz de hallar un principio legitimador en sí mismo, el ejemplo de su rebelión lleva hasta su caída. Guenon cita el caso de Francia:

"Al rebelarse, los chatrias se degradan, pierden su nobleza para tomar el carácter de una casta inferior, lo que implica una pérdida de legitimidad. Si el rey no se conforma con ser el príncipe de los chatrias... pierde su razón de ser y se pone a sí mismo en una posición de enemistad con la nobleza de la que él es solo la emanación. Así es como la monarquía, para centralizarse y absorber en sí los poderes que pertenecen colectivamente a toda la nobleza, lucha sin cuartel contra los nobles para destruir el feudalismo del que emergió. Esto solo es posible con la ayuda de los vaisías, y es por esto que, desde Felipe el Hermoso, vemos a los reyes franceses rodearse continuamente de burgueses, especialmente aquellos que como Luis XI y Luis XIV llegaron más lejos en su absolutismo, del cual la burguesía se beneficiaría al tomar el poder tras la revolución. El fin de la monarquía es a la vez consecuencia y castigo de la revuelta de la monarquía contra la Autoridad Espiritual"

Para Evola, la tesis de Guenon solo expresa "el punto de vista brahmánico-sacerdotal de un oriental", por lo que debe ser "rechazada en su totalidad". En el conflicto entre guelfos y gibelinos, Evola se proclama el "enemigo jurado" de Guenon. Evola afirma que la acción es sagrada y que existe un elemento espiritual en la realeza que Guenon ignora adrede, que la rivalidad histórica entre sacerdocio y nobleza no es un conflicto entre Autoridad Espiritual y Poder Temporal, sino un conflicto entre dos formas distintas de Autoridad igualmente espirituales. Evola cree que Guenon confunde Autoridad Espiritual con Autoridad Sacerdotal, por lo que se resiste a aceptar que la coronación real no implicaba una subordinación al sacerdote, sino que, al coronarse, el rey se inviste de una influencia espiritual superior. Evola, basándose en la tesis del matriarcado prehistórico de Bachofen, ve en la oposición oriental entre chatria y brahmán la huella de la lucha entre un patriarcado Ario-Nórdico y un matriarcado Demétrico-Meriodional. Esto le lleva a concluir que el rey debe tener siempre la última palabra:

"La primacía del guerrero sobre el sacerdote, de la acción sobre la contemplación, no constituye degradación alguna... No es en la visión sacerdotal sino en la guerrera, en la sapiencia oculta de la Ars Regia vinculada a Occidente, que debemos buscar los símbolos de nuestra liberación".

Coomaraswamy suscribe en parte a Guenon, destacando la superioridad cualitativa del brahmán sobre el chatria que existe en la India. Los textos indios afirman que la monarquía carece de principio en sí misma, pues está gobernada por la eterna ley del dharma, que es acción de acuerdo a la ley en contraste con artha, acción de acuerdo al capricho. Además, Coomaraswamy criticó la postura de Evola, en la que ve una concesión al mismo mundo moderno al que el italiano tanto atacó. No obstante, Coomaraswamy también destaca la importancia del matrimonio entre nobleza y sacerdocio, que se resume en el voto nupcial que el brahmán ofrece al chatria en el Aitareya Brahmana: "Yo soy Esto, tú eres Eso, yo soy los Cielos, tú eres la Tierra". Esto  implica que el rey, masculino respecto a su reino, es femenino respecto a su purohita (pontífice). Dado que la relación entre sacerdocio y realeza es similar a un matrimonio, su relación se basa en una interdependencia asimétrica, simbolizada por el hecho que el purohita a veces camina frente al rey, pues no es su súbdito, y a veces tras él pues a pesar de ello depende del rey: aunque espiritualmente el sacerdote es superior, el rey es superior en el plano material. Entre los devas, Mitra simboliza la Autoridad Espiritual y Varuna el Poder Temporal, siendo semejantes al Cielo y la Tierra: "Mitra echó su semilla sobre Varuna". Esto explica la ilusoria paradoja de que el brahmán sea masculino a pesar de ser contemplativo, y el chatria femenino a pesar de ser activo: la contemplación es un Móvil Inmóvil, ley dominante de toda acción. No obstante, la dualidad de Mitra y Varuna nunca es hostil sino complementaria, pues representa los dos aspectos de la soberanía: Mitra es benevolente, sereno, ordenado, masculino y sacerdotal, patrón de juramentos, leyes y rituales. Varuna es cruel, violento, caótico, femenino y marcial, patrón de guerras, plagas y ejecuciones. Mitra simboliza el día, la luz, la vida y el sol, Varuna la noche, la oscuridad, la muerte y la luna. Por tanto, la primacía del brahmán es inseparable de su matrimonio con el chatria, revelando una unidad trascendental: "tal como el hierón platónico es también arconte, Brahma es a la vez brahma y kshatra. Dios es tan real como sacerdotal", escribe Coomaraswamy.

Analicemos estas tres doctrinas: Guenon acierta al exaltar la Autoridad Espiritual, pero erra al asignarle una primacía absoluta que le lleva a interpretar la dualidad brahmán-chatria como una lucha de poder. No ve que la Autoridad Espiritual es superior en su propia esfera e inferior en la esfera del Poder Temporal, ni que el Poder Temporal también posee cierta sacralidad. No comprende que pontífice y rey forman un dúo inseparable, dos aspectos complementarios de la función de la soberanía. Su visión de la relación entre contemplación y acción le lleva a adoptar un enfoque demasiado rígido, ignorando el principio de conciliación de los opuestos. Coomaraswamy en cambio destaca el hecho de que la primacía del sacerdocio no excluye su complementareidad con la realeza, así como la importancia del matrimonio de ambos principios.

Evola acierta al señalar el carácter sagrado de la realeza, pero cae en el error opuesto a Guenon cuando afirma que la Autoridad Espiritual era totalmente sumisa al Poder Temporal. Respecto a su interpretación del sacerdocio como algo "femenino", una suerte de reliquia ginecocrática, no se puede tomar en serio pues carece de toda prueba escritural o arqueológica y por el claro simbolismo masculino-solar del brahmán en los textos indios.

Tanto Evola como Guenon confunden sistemáticamente la función real con la función marcial, uno para proclamarla intrínsecamente inferior a la función sacerdotal y el otro para proclamarla superior o al menos igual. No obstante, si la coronación ha de distinguir al rex respecto al dux, no es posible equiparar a la función real con la militar, aún cuando el rey sea en general extraído de la casta guerrera. El Poder Temporal no debe imponerse a la Autoridad Espiritual, pero esta no posee tampoco una superioridad absoluta: ambos principios están entrelazados en la función soberana en toda verdadera teocracia. Son formas diferentes pero complementarias.


Esta caricatura de Thomas Nast ilustra como la dicotomía contemplación-acción está presente en el inconsciente colectivo. No puedo dejar de señalar que todas las tiranías del siglo XX (fascismo, nazismo y comunismo) persiguieron al intelectual, por considerarlo una amenaza a su tiranía, y mimaron al deportista, por considerarlo un fornido payaso con el que entretener a las masas.

Resuelto el enigma de la dualidad sacerdocio-nobleza, aún resta entender por qué esta dualidad surge en todas las culturas históricas. Aldous Huxley, en su obra La Filosofía Perenne (1945), nos da la clave, enlazando la metafísica con la psicología:

"El alma posee un eje vertical, pero también un eje horizontal. Por nuestra constitución psicofísica, nacemos en cierta posición en este eje horizontal. Un individuo puede moverse casi indefinidamente por el eje vertical, hacia Dios o hacia el Diablo, pero en el eje horizontal hay mucha menos libertad: es imposible transformar una constitución física en otra, y el temperamento nato solo puede modificarse dentro de estrechos límites: la mejor crianza solo maximiza el potencial innato. En los últimos treinta siglos se ha intentado muchas veces elaborar un sistema para medir las diferencias humanas, como el método hindú de clasificar a la gente en castas según su vocación, o la medicina de Hipócrates, que nos habla de dos hábitos (tísico y apoplético) y cuatro humores (sangre, flema, bilis negra y bilis amarilla). Más recientes son los sistemas fisonómicos de los siglos XVIII y XIX y la dicotomía jungiana de introversión y extroversión. Por último, el Dr. William Sheldon ha elaborado la que es, sin duda, la mejor clasificación de diferencias humanas. Según Sheldon los hombres oscilan entre los vértices de un esquema tripolar; de modo que podemos decir que todo individuo es una mezcla, en proporciones variables, de tres elementos físicos y tres elementos piscológicos vinculados al 80%. A los tres elementos físicos Sheldon les llama endomorfia, mesomorfia y ectomorfia. El endomorfo puro es blando, redondeado y tiende a la obesidad. El mesomorfo puro es duro, huesudo y musculoso. El ectomorfo puro es delgado, de huesos pequeños y escasa musculatura. El endomorfo tiene un intestino enorme, que puede tener más del doble de peso y longitud que el del ectomorfo puro: podría decirse que su cuerpo está construido en torno a su aparato digestivo. En el mesomorfo, en cambio, destaca su potente musculatura. En el ectomorfo, su sistema nervioso supersensible y (dada su mayor superficie corporal por masa respecto a los otros tipos) relativamente indefenso. El temperamento vinculado a la endomorfia se llama viscerotonia, y se caracteriza por la afición a comer en compañía, a las comodidades, al lujo y las ceremonias; amabilidad acrítica, temor a la soledad y anhelo de compañía; expresión de las emociones; nostalgia de la niñez, afición a la vida familiar y necesidad de otros en momentos de crisis. El temperamento relacionado con la mesomorfia se llama somatotonia, y destaca por el amor a la actividad muscular, agresividad y ansia de poder; indiferencia al dolor; insensibilidad a los sentimientos ajenos; afición a la lucha y a la competencia; alto grado de bravura física; nostalgia por la juventud y necesidad de actividad en momentos de crisis. Ante estos hechos vemos cuan imprecisa es la idea jungiana de la extroversión como antítesis de la introversión, pues existen dos extroversiones radicalmente diferentes: la extroversión emotiva, sociable del endomorfo viscerotónico, aquel que está siempre buscando compañía y diciendo a todos lo que siente; y la extroversión del mesomorfo somatotónico, aquel que mira al mundo como un lugar donde ejercer su poder, donde doblegar a la gente a su voluntad y dar forma a las cosas según el anhelo de su corazón. Una es la afable extroversión del corredor de comercio, el rotario campechano, el clérigo guitarrero. La otra es la extroversión del ingeniero que desfoga su deseo de poder en las cosas, del deportista y el soldado profesional, del ambicioso director comercial y del político, del dictador, sea en el hogar o al frente de un Estado. Con la cerebrotonía, el temperamento relacionado con la ectomorfia, dejamos el afable mundo de Pickwick y el mundo competitivo de Hotspur por un universo diferente y algo inquietante: el de Hamlet e Ivan Karamazov. El cerebrotónico extremo es el superatento, supersensible introvertido, más preocupado por lo que ocurre detrás de sus ojos, por las construcciones del pensamiento y la imaginación, por las variaciones del sentimiento y la conciencia, que por el mundo externo, al cual el viscerotónico y el somatotónico prestan su principal atención y homenaje. Los cerebrotónicos no sienten, o sienten poco, deseo de dominar, ni sienten tampoco el indistinto afecto del viscerotónico a la gente como gente. Quieren vivir y dejar vivir, y su deseo de aislamiento es innato. El confinamiento solitario, la más cruel tortura que pueda infligirse al sujeto blando, redondeado y afable, no es tortura para el cerebrotónico. Para él, el infierno son los internados y los cuarteles. En compañía, los cerebrotónicos se sienten nerviosos y tímidos, tensamente inhibidos y de humor impredecible. Detestan los desenfrenados mugidos y patulleos del somatotónico y les es difícil adaptar su vida a las rutinas, a las que tan naturalmente se prestan los somatotónicos. La emocionalidad del viscerotónico les parece ofensivamente superficial, aún insincera y se impacientan con las ceremonias del viscerotónico y su amor al lujo y la magnificencia. El viscerotónico y el somatotónico están, cada uno a su modo, adaptados al mundo material; pero el introvertido cerebrotónico es en cierto modo inconmensurable con las cosas, gente e instituciones que lo rodean. En consecuencia, muchos cerebrotónicos puros fracasan como ciudadanos normales, aunque también muchos llegan a ser anormales por encima del promedio. En universidades, monasterios y laboratorios, dondequiera que se den condiciones protectoras para aquellos incapaces de abrirse paso, peleando o comiendo, entre la ordinaria arrebatiña, el porcentaje de cerebrotónicos que descuellan por sus dotes es casi siempre muy elevado. Dándose cuenta de la importancia de este tipo extremo de ser humano, superevolucionado y apenas viable, todas las civilizaciones han proveído de algún modo su protección. A la luz de esto podemos comprender la clasificación que hace el Bhagavad Gita de los caminos de salvación. El sendero de la devoción es para el viscerotónico, su innata tendencia a exteriorizar espontáneamente sus emociones puede ser canalizada de forma que una tendencia animal al gregarismo y una benevolencia humanista se transformen en caridad, en devoción a Dios, recta voluntad y compasión hacia todos los seres sensibles. El sendero de las obras es para aquellos cuya extroversión es somatotónica, aquellos que en toda circunstancia necesitan "hacer algo". En el somatotónico infiel este anhelo de acción va siempre asociado a agresividad, autoafirmación y ansia de poder. El deber del guerrero nato, como Krishna explica a Arjuna, es desprenderse de estos viles compañeros del amor a la acción y obrar desapegadamente. Para el cerebrotónico está el camino del conocimiento, la alteración de la consciencia hasta que deja de ser egocéntrica y llega a la Unio Mystica. Su deber es trascender su tendencia a la introversión, al pensamiento, la imaginación y el análisis como fines más que como medios para la trascendencia.

En el arte cristiano, el Salvador es casi siempre representado como un hombre delgado, de huesos pequeños y escasa musculatura. Los Cristos grandes y forzudos son solo una chocante excepción de tan antigua regla. Sobre las crucifixiones de Rubens, William Blake escribió desdeñosamente "Creía que Cristo era carpintero; no mozo cervecero". La tradición iconográfica ve a Jesús como ectomorfo y, por inferencia, cerebrotónico. La religión de los Evangelios es cerebrotónica: la insistencia en que el Reino del Cielo es interior; el ignorar los rituales, el desprecio sutil hacia el legalismo, hacia las rutinas ceremoniales de la religión organizada, hacia los días y lugares santos; la general cualidad extraterrena; el énfasis puesto en la contención, no sólo en la acción declarada, sino en el deseo y la inexpresada intención; la indiferencia hacia los esplendores de la civilización material, el amor a la pobreza como uno de los mayores bienes; la doctrina de que el desapego debe llevarse hasta la esfera de las relaciones familiares y de que aún la devoción a los más elevados ideales humanos, aún la rectitud de los escribas y fariseos, pueden ser desviaciones idólatras del Amor de Dios. Todas estas ideas son característicamente cerebrotónicas: nunca se le habrían ocurrido espontáneamente al extrovertido ávido de poder ni al igualmente extrovertido viscerotónico. El budismo original (así como el hinduísmo del Vedanta) es tan cerebrotónico como el paleocristianismo. El confucianismo, en cambio, es una religión viscerotónica: familiar, ceremonial y materialista. En el mahometismo hallamos un ejemplo de religión somatotónica, de ahí la negra historia del islam en cuanto a guerras santas y persecuciones, historia comparable a la del cristianismo solo después que esta religión fuera subvertida por la somatotonia al punto de autoproclamarse "la iglesia militante".

Todos los temperamentos pecan, pero mientras el cerebrotónico y el viscerotónico no pueden hacer mucho daño sino a sí mismos y a los que están en contacto con ellos, el somatotónico puro, con su nata agresividad, causa estragos en sociedades enteras (la mayoría de criminales violentos son somatotónicos). La civilización podría definirse como un sistema de dispositivos religiosos, legales y educativos para impedir que los somatotónicos puros hagan demasiado daño y para canalizar sus irreprimibles energías a fines positivos. En China, el confucianismo procuró alcanzar este fin inculcando la piedad filial, buenos modales y un amable epicureísmo viscerotónico, reforzado, algo incongruemente, por la espiritualidad y las restricciones cerebrotónicas del budismo y el taoísmo clásicos. En la India, el sistema de castas y la educación religiosa tratan de subordinar el poder militar, político y financiero a la autoridad espiritual. En la Europa católica también se intentó subordinar el poder temporal al espiritual; pero como la Iglesia misma ejercía poder temporal por medio de prelados políticos, el intento no tuvo nunca más que un éxito parcial. Tras Enrique VIII, aun el piadoso deseo de limitar el poder temporal por medio de la autoridad espiritual fue totalmente abandonado, y su ejemplo ha sido seguido por la mayoría de jefes de Estado. El poder ha sido limitado sólo por otros poderes, no por una apelación a principios eternos interpretados por quienes, moral y espiritualmente, están cualificados para saber de qué hablan. Entretanto, la espiritualidad ha declinado, aún entre los cristianos la mística ha sido reemplazada por una metafísica de continuo progreso, por una apasionada preocupación, no por la eternidad, sino por el futuro. Así, en el siglo XX se ha consumado lo que Sheldon llama una "revolución somatotónica", dirigida contra todo lo que es característicamente cerebrotónico en la teoría y la práctica occidentales. En el cristianismo tradicional era un axioma que la contemplación es el fin último de la acción. Hoy la mayoría de cristianos consideran la acción dirigida hacia el progreso material como fin, y el pensamiento analítico, forma inferior de la contemplación, como medio. En el cristianismo tradicional la salvación no debía buscarse en el ambiente, sino en el estado espiritual del individuo. Hoy lo que más importa no es el estado espiritual, sino el ambiente. Felicidad y progreso moral dependen, según se piensa, de mejores mecanismos y un mayor tren de vida. En el cristianismo tradicional, los buenos modales proscribían toda expresión de placer en la satisfacción de apetitos físicos. Hoy día, los jóvenes proclaman cuánto "adoran" distintos alimentos y bebidas; los adolescentes y adultos hablan de los "estremecimientos" derivados de estimular su sexualidad. La filosofía popular dejó de basarse en la devoción y los buenos modales aristocráticos para ser moldeada por los publicistas, cuyo objetivo es persuadir a todo el mundo de ser lo más extrovertido y codicioso posible, pues sólo los ambiciosos, los impulsivos gastan dinero en las cosas que los publicistas venden. La guerra moderna es a la vez causa y resultado de la revolución somatotónica. La educación nazi, que era educación para la guerra, tenía dos objetivos principales: alentar la manifestación de la somatotonia en los más ricos en este componente de la personalidad, y hacer que el resto de la población se sintiese avergonzada de su laxa amabilidad o de su íntima sensibilidad y tendencia a la contención y a la delicadeza de espíritu. Encima, durante la guerra, los occidentales se vieron obligados a copiar la filosofía educativa de los nazis. Por todo el mundo, millones de hombres y aún de mujeres jóvenes son educados para ser "duros" y apreciar la "dureza" por encima de cualquier otra cualidad moral. Con este sistema de ética somatotónica está asociada la idólatra y politeísta teología del nacionalismo, seudorreligión mucho más fuerte hoy para el Mal que el debilitado cristianismo actual es para el Bien. La mayor parte de las sociedades del pasado trataron de desalentar la somatotonía. Era esta una medida de autodefensa; no querían ser físicamente destruidas por la agresividad, ávida de poder, de su minoría más activa, no querían ser espiritualmente cegadas por un exceso de extroversión. Durante los últimos años todo esto ha cambiado. ¿Cuál, podemos pensar con aprensión, será el resultado del común y universal trastorno de una política social inmemorial?"

Guiados seamos por Jesucristo,

Neph

NOTAS:

1. En una ocasión debatí con un joven musoliniano, un tal Dienikes, sobre la conscripción, el tradicionalismo y el cristianismo. Recuerdo que al citarle la realidad de la casta, este joven replicó "Eso suena a indio. A mí no me va hacer el indio".  Está claro que este "patriota" ignora la Historia de Europa, pues en nuestro Medievo las castas existían como en una ocasión comenté con mi amigo Pfunes, solo que se llamaban órdenes: oratores, bellatores y laboratores son análogos a brahmanes, chatrias y vaisias. También recuerdo que al exponer mi teología el tipo empezó acusándome de "protestante anticatólico" (sic), tras lo cual llamó al cristianismo "religión de esclavos" en plan nietzschista, sin percatarse de la contradicción inherente en tal proceder. Cito esta anécdota porque es un excelente ejemplo de como los identitarios siguen emulando a Milán Astray, aquel bruto fascista que gritó al intelectual conservador Unamuno aquello de "Muera la inteligencia".
2. Otro interesante escrito guenoniano es Contra la Reencarnación, pues refuta ciertos dogmas que la siniestra Madame Blavatsky introdujo en el esoterismo moderno. Mi intuición, casi clarividente por la Gracia del Espíritu Santo acertó, cuando hace años rechacé estos dogmas a pesar de las críticas.
3. Respecto a Evola, su ensayo Estilo Militar, Militarismo y Guerra explica la diferencia entre el guerrero y el soldado, pues el segundo es una forma degenerada del primero que se produce cuando "los estados aristocráticos son sustituidos por los estados nacionalistas, donde el deber de servir en las fuerzas armadas reemplaza al derecho a portar armas". Evola se niega a apoyar la regimentación de la vida diaria, el totalitarismo sinónimo de disciplina obtusa y mecanicista, al que contrapone los valores de la Mannerbund (hermandad de guerreros, no pelotón de soldados). Por desgracia, no pocos evolianos hacen oídos sordos a estas sabias palabras, precognizando la conscripción forzosa que no es sino una majadería liberticida propia de la Modernidad. Tal actitud solo sirve para desacreditar a Evola en favor de Huxley. Es por esto esencial que los evolianos entiendan la diferencia entre fascismo y tradicionalismo: el fascismo es una ideología populista que adoptó rasgos modernistas tanto en ideas (ej. fungibilidad universal, materialismo) como en estética (ej. arte futurista). El totalitarismo fascista crea un rol artificial, no-orgánico para todos y los obliga a cumplir tal rol, sin importar capacidad o vocación. En este sentido es similar al comunismo, que presume que todos estamos dotados por naturaleza para ser obreros de una fábrica proletaria. En contraste, el tradicionalismo defiende la jerarquía orgánica preilustrada, basada en el lema Suum cuique pulchrum est ("A cada cual lo suyo"). En vez de gastar tiempo y esfuerzo en luchar contra la naturaleza humana, el tradicionalismo aboga por una jerarquía natural basada en valores como la crianza, la cultura o la vocación. Evola arriesgó su vida y su libertad criticando al fascismo bajo Musolini, sus críticas eran tan agudas que tenía que acompañarse de una cohorte de guardaespaldas cuando salía a pasear por Roma. Por tanto, o estáis con Evola o estáis con Musolini, o sóis tradicionalistas o sóis fascistas, o sóis monarquistas o sóis cesaristas, o defendéis el elitismo marcial de Federico de Prusia o defendéis la levée en masse de Napoleón. Todo esto no es que lo diga yo, es que lo dice Evola en el citado ensayo.
4. En general no comparto la doctrina de Huxley, que es básicamente una apología sincrética del budismo hinayánico, pero el Capítulo 8 "La Religión y el Temperamento" es, en general, una excelente explicación científica de la trifuncionalidad. Nótese que, a diferencia de sus colegas metafísicos, Huxley percibe que aunque Buda era kshatriya por nacimiento, no lo era por vocación dado su temperamento cerebrotónico/sacerdotal. Quizá en los tiempos primordiales la heredabilidad era más fiable y la inconsistencia que observamos sea meramente un rasgo del Kali Yuga, pero la raíz histórica de la degeneración está en que las castas se volvieron hereditarias en vez de por la cualidad real del niño. De ahí que ciertos "kshatriyas" desarrollaran sus propias tradiciones espirituales dado que las brahmánicas les estaban vedadas.
5. Si antes de conocer a Coomaraswamy yo era guenoniano es porque algunos de quienes exaltan el ideal guerrero (Nietzsche y en menor medida Evola) afirman que la habilidad del mártir para afrontar la muerte con calma es servil en vez de una muestra de valor supremo, embuste que se acompaña por la noción de que aunque la cobardía viola la virtud guerrera, la idea cristiana del pecado no, como si la autoindulgencia de cualquier clase no fuera aquello que provoca la degeneración del guerrero. ¿Era servil Thomas Becket cuando dió su vida por defender a la Iglesia de Enrique II? Solo un bellaco afirmaría que el valor de Becket fue afeminado en sentido alguno: calumniar la virtud de los mártires como locura y masoquismo solo evidencia el deshonor y la maldad de quién lo hace, pues solo el hombre que ha vencido a su propio ego puede dar su vida en el instante que Dios la requiera, tal como se libera un pájaro cautivo de su jaula. El sacerdote es espiritualmente superior al guerrero porque la Verdad es superior a la voluntad humana. Tras apostatar de esta realidad metafísica (con la cual se conecta directamente con la mística e indirectamente con la fe) la voluntad se degrada al nivel de un perro rabioso, de un guerrero honorable a un salvaje amoral. Esta hubris, al rebelarse contra el Orden Divino, conduce a la Torre de Babel. Rama Coomaraswamy, hijo de Ananda, fue un exorcista católico que en su juventud hindú fue iniciado por los brahmanes. Rama explicó que el orgullo espiritual del brahmán es mitigado por su vida mendicante, dependiente del vaisia para su alimento y del chatria para su protección. De la misma forma, el orgullo marcial del chatria es atemperado por su omnipresente expectativa de herida, mutilación y muerte. Por tanto el deber del chatria, su razón de ser es proteger al brahmán, para que el reposo contemplativo del segundo, del que depende el Orden Divino, no sea perturbado. La idea de que el contemplativo es blando, hedonista, servil no es sino el prejuicio oportunista del guerrero degenerado, que sería mejor llamado el bruto, el mafioso o el bandido, el hombre que ha sido devorado por su voluntad ególatra, la cual se ha rebelado contra Dios. Por desgracia, la calumnia del guerrero degenerado contra el hombre espiritual, sin importar cuan falsa sea en principio, es confirmada en apariencia por la pereza y la cobardía del sacerdote degenerado, que no es sino la traición individual del arquetipo sacerdotal.
6. Se suele pensar en el sacerdote como pasivo, y en el guerrero como activo, pero los teólogos medievales enseñaron que dado que Dios es Acción Pura, la contemplación por la cual esta Acción es comprendida y la oración por la cual es invocada es el más activo, el más viril, de todos los actos humanos. El Acto del contemplativo es inmóvil e inmutable hasta la perfección. Ante tal Acto, la ajetreada actividad mundana, incluyendo a la acción devota, pasional del guerrero, es mera Potencia. El Acto expresa el Ser, la Potencia expresa la Posibilidad, por esto la segunda depende de la fuerza para manifestarse, mientras el primero simplemente es. En el romanticismo de la casta guerrera, en su tendencia a unir la caballerosidad con el amor romántico, se evidencia que sus misterios, a diferencia de los sacerdotales, son femeninos, de fondo matriarcal: la señora del caballero es su dama, el Maestro del monje es Dios. Otra prueba de la naturaleza matriarcal del somatotónico la tenemos en su tendencia a relativizar la violación de hombres por parte de mujeres, lo que implica que para los somatotónicos el cuerpo del varón carece de toda dignidad, postura que comparten con las feministas/hembristas. Al proyectar su insensibilidad somatotónica en la totalidad del sexo masculino, implican que si un hombre no se vanagloria de haber sido violado es un anormal carente de hombría. Esta relativización es una aberración anticrística, pues la violación es un acto de alquimia oscura en el que las fuerzas de creación y destrucción se unen para destrozar el alma de la víctima (por eso los satanistas practican la pedofilia ritual en sus aquelarres). Como la tortura, que deja una herida en el alma inmortal de la víctima, la violación es un pecado cualitativamente peor que el asesinato, que se limita a segar el vínculo que une alma y cuerpo.

OFF-TOPIC: El pasado 25 de Noviembre murió un tirano: que arda en el infierno con sus camaradas Mao y Stalin. VIVA CUBA LIBRE Y FELIZ ADVIENTO.

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