24 jul. 2010

Un alma para el espacio litúrgico (VII)


UN DESAFÍO PARA LOS ARQUITECTOS

En Italia la Iglesia Católica es la única entitad que sigue teniendo confianza e interés en el trabajo de los arquitectos. No existe una clase política, una dirigencia ni un rango de mecenas que deseen la calidad. Hay casos aislados de encargos que dan prueba del deseo de mostrarse y de un discreto complejo de inferioridad ante los proyectistas de moda, pero son excepciones que no ayudan a salir del callejón sin salida.

Iglesia en Foligno (Italia). Massimiliano Fuksas, 2009

El proyecto del espacio sagrado constituye un desafío no sólo para los arquitectos, sino también para los artistas, artesanos y liturgistas. Paradójicamente, se cuenta con recursos financieros, pero lo que falta son las ideas.

Para encontrar el camino adecuado, son útiles también los aportes de los filosofos, historiadores, arqueólogos, y teólogos. ¿Por qué no dar vida a un amplio debate sobre este tema en las paginas de Humanitas? Se impone como condición negativa el hecho que la revista no se convierta en un nuevo escenario para viejos actores. Se dejan de lado definitivamente los lugares comunes añejos basándose en un argumento e hipótesis hermenéuticas carentes de fundamento.

Iglesia de Todos los Santos, Corvington, Kentucky (EEUU). Duncan Stroik

22 jul. 2010

Vengo a reportarme, Señor...

Una vez un sacerdote estaba dando un recorrido por la Iglesia al mediodía y al pasar por el púlpito decidió quedarse cerca para ver quién había venido a orar. En ese momento se abría la puerta, el sacerdote frunció el entrecejo al ver a un hombre acercándose por el pasillo; el hombre estaba sin afeitarse desde hace varios días, vestía una camisa rasgada, tenía el abrigo gastado, cuyos bordes habían comenzado a deshilacharse. El hombre se arrodilló, inclinó la cabeza, y luego se levantó y se fue.

Durante los siguientes días el mismo hombre, siempre al mediodía, estaba en la iglesia cargando una maleta... Se arrodillaba brevemente y luego volvía a salir. El sacerdote, un poco temeroso, empezó a sospechar que se tratase de un ladrón, por lo que un día se puso en la puerta de la iglesia. Y cuando el hombre se disponía a salir le preguntó: - ¿Qué haces aquí? - El hombre dijo que trabajaba en una fábrica camino a la iglesia y tenía media hora libre para comer y aprovechaba ese momento para orar.

- Sólo me quedo unos instantes, sabe, porqué la fábrica queda un poco lejos, así que sólo me arrodillo y digo: "Señor, sólo vine nuevamente para contarte cuán feliz me haces cuando me liberas de mis pecados... no sé orar muy bien, pero pienso en ti todos los días... Así que Jesús este es Johnny reportándose -.

El sacerdote, sintiéndose un tonto, le dijo a Johnny que estaba bien y que era bienvenido a la iglesia cuando quisiera.
El sacerdote se arrodilló ante el altar, sintió derretirse su corazón con el gran calor y encontró a Jesús. Mientras sus lágrimas corrían por sus mejillas, en su corazón repetía la plegaria de Johnny: "Sólo vine para decirte Señor, cuán feliz fui desde que te encontré a través de mis semejantes, y me libraste de mis pecados... No sé muy bien cómo orar pero pienso en ti todos los días... Así que Jesús, soy yo reportándome".

Cierto día el sacerdote notó que el viejo Johnny no había venido. Los días siguieron pasando sin que Johnny volviese a orar; continuaba ausente, por lo que el pastor comenzó a preocuparse, hasta que un día fue a la fábrica a preguntar por él. Allí le dijeron que Johnny estaba enfermo, que pese a que los médicos estaban muy preocupados por su estado, todavía creían que tenía una posibilidad de sobrevivir.

La semana que Johnny estuvo en el hospital trajo muchos cambios, él sonreía todo el tiempo y su alegría era contagiosa. La jefa de enfermeras no podía entender por qué Johnny estaba tan feliz, ya que nunca había recibido ni flores, ni tarjetas, ni visitas. El sacerdote se acercó al lecho de Johnny con la enfermera y ésta le dijo, mientras Johnny escuchaba: "Ningún amigo ha venido a visitarlo, él no tiene a donde recurrir".

Sorprendido, el viejo Johnny dijo con una sonrisa: - La enfermera está equivocada... porque ella no sabe que todos los días, desde que llegué aquí, al mediodía, un querido amigo mío viene, se sienta aquí en la cama, me agarra de las manos, se inclina sobre mí y me dice: "SÓLO VINE PARA DECIRTE, JOHNNY, CUÁN FELIZ SOY DESDE QUE ENCONTRÉ TU AMISTAD Y TE LIBERÉ DE TUS PECADOS. SIEMPRE ME GUSTÓ OÍR TUS ORACIONES, PIENSO EN TI CADA DÍA... ASÍ QUE JOHNNY, ESTE ES JESÚS REPORTÁNDOSE".


¡¿QUIEN COMO DIOS?! ¡¡NADIE COMO DIOS!!
Angelus Domini nuntiavit Mariae et concepit de Spiritu Sancto

18 jul. 2010

Un alma para el espacio litúrgico (VI)


PROYECTAR CON LA LUZ


Uno de los materiales esenciales para la composición arquitectónica es la energia luminosa. En el caso de las iglesias, ésta posee una carga simbólica precisa. Lo explicaba líricamente el Pontífice Romano hace algun tiempo.

"Es una irradiación de su misterio trascendente, pero que se comunica a la humanidad. En efecto, la luz está fuera de nosotros, no la podemos aferrar o detener; sin embargo, nos envuelve, ilumina y calienta. Así es Dios, lejano y cercano, inasible pero está a nuestro lado, más aún, dispuesto a estar con nosotros y en nosotros. Al revelarse su majestad, responde desde la tierra un coro de alabanza: es la respuesta cósmica, una especie de oración a la que el hombre da voz.

La tradición cristiana ha vivido esta experiencia interior no sólo dentro de la espiritualidad personal, sino también en atrevidas creaciones artísticas. Por no citar las majestuosas catedrales de la Edad Media, mencionamos sobre todo el arte del Oriente cristiano con sus admirables iconos y con las geniales arquitecturas de sus iglesias y sus monasterios.

Hagia Sophia, Interior. Constantinopla 532-537

La iglesia de Santa Sofía de Constantinopla es, a este respecto, una especie de arquetipo por lo que atañe a la delimitación del espacio de la oración cristiana, en la que la presencia y la inasibilidad de la luz permiten captar tanto la intimidad como la trascendencia de la realidad divina. Penetra en toda la comunidad orante hasta la médula de sus huesos y a la vez la invita a superarse a sí misma para sumergirse en la inefabilidad del misterio. Son también significativas las propuestas artísticas y espirituales características de los monasterios de esa tradición cristiana. En aquellos auténticos espacios sagrados – y el pensamiento va inmediatamente al monte Athos – el tiempo contiene en sí un signo de la eternidad. El misterio de Dios se manifiesta y se oculta en esos espacios a través de la oración continua de los monjes y de los ermitaños, que desde siempre han sido considerados semejantes a los ángeles"(1).

Hagia Sophia, Planta y sección longitudinal. Constantinopla 532-537

Al difundirse estas palabras del Papa, algunos arquitectos reaccionaron con irritada arrogancia, afirmando que en la historia nadie ha sido capaz de modelar el espacio con la luz de mejor manera que los proyectistas modernos. ¿Será verdad? Desde el Crystal Palace de Londres (2) hasta el proyecto de rascacielos que reemplazará las Twin Towers, ha habido una carrera sin interrupción hacia el edificio más transparente. La relación entre estas enormes superficies vidriadas y el consiguiente derroche de energia suscita más de una actitud perpleja, sin contar la indiferencia ante el contexto de estas arquitecturas. En todo caso, no es eliminando el limite entre lo interno y lo externo como se obtiene una buena iglesia.

En paz con los animosos defensores de la superioridad de la arquitectura contemporánea, es preciso admitir que los arquitectos bizantinos supieron valerse de la liturgia más adecuadamente que nadie, y con sorprendente audacia, tanto así que la primera cúpula de Santa Sofia se derrumbó y fue necesario reconstruirla con mayor atención.

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(1) Giovanni Paolo II, Audiencia del 15 de mayo de 2002, comentario a Habacuc 3,2-3.18-19.
(2) "El Crystal Palace de 1850-51, donde tuvo lugar la Gran Exposición, fue proyectado por Joseph Paxton, ingeniero/horticultor, quien efectivamente trasladó el invernadero de un contexto a otro. Este amplio cobertizo vidriado fue montado enteramente con elementos estandarizados de hierro, madera y vidrio, y se proyectó para exponer los objetos y productos de las potencias económicas concurrentes, pero se elevó por encima de estos intereses mundanos, disolviéndose en los arboles y el cielo y revelando un sentido del espacio, la transparencia y liviandad, sin precedentes". William J. Curtis, La arquitectura moderna del Novecento, Bruno Mondadori, Milano 1999, p. 36.

16 jul. 2010

Alma, despierta


El deseo de amor por parte del hombre es tan grande, que Jesús atrae a esas personas alejadas de Él de diferentes maneras.
Jesús desea recordarnos sobre su existencia y amor que tiene por nosotros ya que hay muchos que se han olvidado de Dios.
Estas almas están como dormidas y Jesús quiere despertarlas, abrirles los ojos, hacer que sean concientes de que Él, Dios, existe.
Por eso Jesús usa diferentes formas para despertar el alma. Si alguna de éstas formas no funciona, entonces Dios usa otra.
A pesar de que somos pecadores y frecuentemente dañamos a Dios y al prójimo, Jesús está dispuesto a perdonarnos todo.
Nos llama para regresar con Él.
Precisamente este es un mensaje de Dios, escrito por uno de sus siervos pecadores, pero que nos recuerda, creas o no, que Dios está ahí, está leyendo el mensaje contigo...

11 jul. 2010

Un alma para el espacio litúrgico (V)


IGLESIAS "DRIVE IN"

La introducción gradual de los bancos (cuyo origen remoto se remonta al otoño dela Edad Media) redujo entretanto la posibilidad de movimiento de los fieles durante la celebración.

"Históricamente, el banco apareció más bien tarde (…). Anteriormente, los laicos permanecían de pie o arrodillados, según las prescripciones, puesto que no había lugares para sentarse. Hasta esa época, es interesante advertir, hombres y mujeres a menudo estaban separados durante los ritos. En el Oriente cristiano, las mujeres solían estar de pie en una galería superior de la nave llamadagynaikon. En el Occidente cristiano, el obispo Durand, citando a San Beda, describe como una antigua tradición el hecho de que las mujeres se ubicasen a menudo al norte y al oeste mientras los hombres lo hiciesen al sur y al este. (…) Para los medievales, que imaginaban el Infierno al oeste y consideraban el norte la tierra del paganismo, esta sistematización asignaba a las mujeres de la comunidad la tarea de proteger a los menos santos y menos fuertes de la tentación más grande. Como se ve en las Instrucciones de San Carlos Borromeo, esta distribución todavía era fácil de encontrar en el siglo XVI. (…)

A partir del siglo XIII, algunas iglesias fueron provistas de bancas sin respaldo. Los bancos propiamente tales fueron adoptados en primer lugar por los protestantes para hacer posible a los fieles permanecer sentados durante los sermones, que duraban horas. Del mismo modo, éstos llegaron a ser más comunes entre los católicos cuando la Contrarreforma atribuyó gran importancia litúrgica a la proclamación de la Palabra. Hacia fines del siglo XVI los bancos llegaron a ser más grandes y fijos, con reclinatorio y respaldo alto, y a menudo con retablos finamente esculpidos.

En las recientes adecuaciones de las iglesias, se han eliminado con frecuencia los bancos sustituyéndose con sillas individuales no fijas. Esto implica tanto ventajas como inconvenientes. Los puestos móviles tienen el indudable mérito de romper el carácter estático de la nave y ofrecer una imagen más organica de la asamblea. Si bien las sillas expresan de mejor manera el rol de la persona individual en la comunidad, tienen también un efecto menos familiar que los bancos. Tal vez la justificación más banal es que además permiten fácilmente cambiar la sistematización de las iglesias: un simbolismo algo dudoso, ya que las iglesias deberían hablar más bien de lo eterno que de lo efimero. El otro defecto de las sillas es que los puestos individuales pueden recordarnos los asientos de los teatros. Pueden sugerir una relación de espectador y por consiguiente no estimular la verdadera participación. (…)

Es lamentable que la supresión de los bancos en muchas iglesias, especialmente en Estados Unidos de América, haya traido consigo la eliminación de los reclinatorios y también de la práctica de arrodillarse"(1).

El Concilio Vaticano II promovió de diversas formas la participación plena, consciente, devota y activa de los fieles. Y sin embargo éstos se han vuelto considerablemente perezosos, hasta el punto que frecuentan en mayor numero las parroquias donde hay mayores comodidades para atraerlos. Da la impresión de que convendría proyectar iglesias “drive in” donde sea posible entrar en automóvil.


Algunos sacerdotes corren riesgo de poner entre paréntesis el rol de maestra dela Iglesia para seguir las modas del momento, cultivando la ilusión de atraer y hacer participar a los fieles. ¿Por qué renunciar al latín precisamente ahora que la cultura está mucho más difundida? ¿Por qué introducir en la celebración canciones inspiradas en tradiciones musicales que favorecen el desencadenamiento de los instintos más que elevar el espíritu?

La Reforma litúrgica nació del deseo de situar la Eucaristía en el centro y la cúspide de la vida de todos los cristianos (incluidos los laicos). Sin embargo, aquélla se ha interpretado incorrectamente como una invitación a transformar los ritos en un “espectáculo” de matriz protestante, sin un compromiso real de los fieles. La celebración de los sacramentos se ha convertido en una forma de entretención, dirigida a los sentidos y emociones y de hecho con aplausos finales (2). El sacerdote se ha convertido en el actor casi solitario de una representación en el interior de un teatro sumamente estático, donde los espectadores están bloqueados en sus puestos con los ojos fijos en él.


Las dificultades tampoco han sido superadas con la distribución "envolvente" de los lugares para sentarse, tan del gusto de algunos liturgistas, que por lo demás ni siquiera respeta el modelo de la Última Cena en el cenácolo. Parecería casi como si la Reforma litúrgica se hubiese estancado antes de dar fruto, sin alcazar las metas neurálgicas de la participatio actuosa de los fieles. Ciertamente, este resultado no se obtiene haciendo leer a un laico o entonar a otros.

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(1) Steven J. Schloeder, L’Architettura del Corpo Mistico. Progettare chiese secondo il Concilio Vaticano II, L’Epos, Palermo 2005, pp. 180-182.

(2) El bullicio estúpido provocado por algunos sacerdotes es un silencio sepulcral para los oidos de los arquitectos: por ser injustificado, no ofrece indicación alguna de utilidad para el proyecto.

4 jul. 2010

Un alma para el espacio litúrgico (IV)


UN FENÓMENO SIN PRECEDENTES

Se puede hablar de iglesias feas ya desde los primeros experimentos delMovimiento Litúrgico, nacido en la primera mitad del siglo XIX en la abadía benedictina de Solesmes. ¿Simple coincidencia?

Se ha dicho que la Iglesia interrumpió el diálogo con los artistas desde hace por lo menos dos siglos. Si se considera debidamente, semejante afirmación no convence, ya que el Movimiento Litúrgico dio origen desde su iniciación a la búsqueda de nuovas formas artísticas. El problema es que lo hizo en nombre de un igualitarismo exagerado, elaborando una concepción de “espacio universal”, donde todos los partecipantes y todos los lugares de la acción ritual tienen el mismo peso, que precede con gran anticipación a las reflexiones de Hammond. El teólogo Romano Guardini (1885-1968) tuvo un continuo y fecundo intercambio de ideas con Rudolf Schwarz (1897-1961), es decir con un refinado arquitecto y pensador católico (1). Y sin embargo las iglesias de Schwarz son desoladoras cajas de cemento, glaciales como la punta de un iceberg que revela la presencia de un corpulento pensamiento racionalista (2).

Rudolf Schwarz. Iglesia de S. Fronleichman. Aquisgrán (Alemania), 1930

Jamás ocurrió en el pasado que la arquitectura sacra fuese fruto del encuentro de liturgistas temerarios, cuyas legítimas aspiraciones a una mejor participación de los fieles superasen el límite de la ortodoxia, con artistas que no logran prescindir del uso de lenguajes típicos de un mundo secularizado. Hasta el siglo XIX se registró en al arquitectura para el culto una relación permanente entre la evolución homogénea del dogma, la fe viva de los constructores y su capacidad constructiva (desarrollada en el cauce de una cultura realista). Y las iglesias eran ejemplos a menudo no superados de belleza, que resisitieron las pruebas del tiempo.

En la primera etapa de la difusión del cristianismo, se pasó de las domus ecclesiae a las iglesias sirias (inspiradas en el modelo de la sinagoga) y a las basílicas romanas. Se perfeccionaron algunos tipos muy claros en su distribución (área de los catecumenos, lugares del bautismo, de la palabra, de la eucaristía, cátedra,...) y adecuados para el dinamismo de la acción litúrgica. Al parecer, los fieles se movían mucho durante la celebración: hombres y mujeres entraban por distintas puertas, se ubicaban en torno a los ambones, luego se alejaban hacia el altar, giraban hacia el oriente durante la consagración, etc.

En correspondencia con la vivacidad de la liturgia, había una gran libertad creativa, más allá de cuanto sea dado comprender a quien hoy visite los monumentos paleocristianos o bizantinos, alterados por el uso más reciente o las restauraciones (3). Los primeros cristianos tenían conciencia profunda del llamado universal a la santidad, que se debilitó con la gran evangelización masiva de los bárbaros. Su fidelidad al mensaje evangélico constituía el fundamento sólido de la libertad de espíritu con la cual modelaban el espacio físico, empleaban las artes figurativas, componían la música, etc.

La liturgia conserva el impulso creativo también en los siglos del románico y el gótico. Mientras la Iglesia no tuvo el problema de enfrentar los graves errores doctrinales de los protestantes, la variedad de expresiones de la acción litúrgica fue sumamente amplia. Únicamente a partir del Concilio di Trento se restringió la celebración dentro de formas muy rígidas, justificadas por la necesidad pastoral de defender la recta doctrina. Era necesario especialmente destacar la presencia real de Jesucristo en la Eucaristía. Borromeo refrenó con prescripciones minuciosas la búsqueda de soluciones nuevas que permitiesen seguir considerando a la liturgia una especie de obra de arte total (4).

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(1) No era un diletante de arquitectura sacra, como demostró serlo Richard Meier en la “iglesia del dos mil”, en Roma, que costó más de 15 millones de euros.
Richard Meier. Iglesia del Jubileo. Roma, 2000

(2) Rudolf Schwarz, Costruire la chiesa. Il senso liturgico nell'architettura sacra, Morcelliana, Brescia 1999. El modelo de proyecto de la “catedral de todos los tiempos” propuesto en el libro se basa en una cristología algo dudosa.
(3) Es muy dificil restablecer una hipotética sistematización original en las iglesias antiguas, porque las adecuaciones litúrgicas introducidas en el curso de los siglos han sido a veces brutales. Se han dispersado partes de ambones de sutil valor simbólico (el ambón no era un simple atril, sino el sepulcro vacío desde donde se anunciaba la Resurrección). Más recientemente se han desmembrado altares del Santísimo Sacramento de espléndido trabajo artesanal.
(4) Caroli Borromei, Instructionum fabricæ et supellectilis ecclesiasticæ libri II (1577).

2 jul. 2010