22 jul. 2010

Vengo a reportarme, Señor...

Una vez un sacerdote estaba dando un recorrido por la Iglesia al mediodía y al pasar por el púlpito decidió quedarse cerca para ver quién había venido a orar. En ese momento se abría la puerta, el sacerdote frunció el entrecejo al ver a un hombre acercándose por el pasillo; el hombre estaba sin afeitarse desde hace varios días, vestía una camisa rasgada, tenía el abrigo gastado, cuyos bordes habían comenzado a deshilacharse. El hombre se arrodilló, inclinó la cabeza, y luego se levantó y se fue.

Durante los siguientes días el mismo hombre, siempre al mediodía, estaba en la iglesia cargando una maleta... Se arrodillaba brevemente y luego volvía a salir. El sacerdote, un poco temeroso, empezó a sospechar que se tratase de un ladrón, por lo que un día se puso en la puerta de la iglesia. Y cuando el hombre se disponía a salir le preguntó: - ¿Qué haces aquí? - El hombre dijo que trabajaba en una fábrica camino a la iglesia y tenía media hora libre para comer y aprovechaba ese momento para orar.

- Sólo me quedo unos instantes, sabe, porqué la fábrica queda un poco lejos, así que sólo me arrodillo y digo: "Señor, sólo vine nuevamente para contarte cuán feliz me haces cuando me liberas de mis pecados... no sé orar muy bien, pero pienso en ti todos los días... Así que Jesús este es Johnny reportándose -.

El sacerdote, sintiéndose un tonto, le dijo a Johnny que estaba bien y que era bienvenido a la iglesia cuando quisiera.
El sacerdote se arrodilló ante el altar, sintió derretirse su corazón con el gran calor y encontró a Jesús. Mientras sus lágrimas corrían por sus mejillas, en su corazón repetía la plegaria de Johnny: "Sólo vine para decirte Señor, cuán feliz fui desde que te encontré a través de mis semejantes, y me libraste de mis pecados... No sé muy bien cómo orar pero pienso en ti todos los días... Así que Jesús, soy yo reportándome".

Cierto día el sacerdote notó que el viejo Johnny no había venido. Los días siguieron pasando sin que Johnny volviese a orar; continuaba ausente, por lo que el pastor comenzó a preocuparse, hasta que un día fue a la fábrica a preguntar por él. Allí le dijeron que Johnny estaba enfermo, que pese a que los médicos estaban muy preocupados por su estado, todavía creían que tenía una posibilidad de sobrevivir.

La semana que Johnny estuvo en el hospital trajo muchos cambios, él sonreía todo el tiempo y su alegría era contagiosa. La jefa de enfermeras no podía entender por qué Johnny estaba tan feliz, ya que nunca había recibido ni flores, ni tarjetas, ni visitas. El sacerdote se acercó al lecho de Johnny con la enfermera y ésta le dijo, mientras Johnny escuchaba: "Ningún amigo ha venido a visitarlo, él no tiene a donde recurrir".

Sorprendido, el viejo Johnny dijo con una sonrisa: - La enfermera está equivocada... porque ella no sabe que todos los días, desde que llegué aquí, al mediodía, un querido amigo mío viene, se sienta aquí en la cama, me agarra de las manos, se inclina sobre mí y me dice: "SÓLO VINE PARA DECIRTE, JOHNNY, CUÁN FELIZ SOY DESDE QUE ENCONTRÉ TU AMISTAD Y TE LIBERÉ DE TUS PECADOS. SIEMPRE ME GUSTÓ OÍR TUS ORACIONES, PIENSO EN TI CADA DÍA... ASÍ QUE JOHNNY, ESTE ES JESÚS REPORTÁNDOSE".


¡¿QUIEN COMO DIOS?! ¡¡NADIE COMO DIOS!!
Angelus Domini nuntiavit Mariae et concepit de Spiritu Sancto

No hay comentarios: