1 ene. 2017

CONTRA LA REENCARNACION

El reencarnacionismo aka teodicia del karma es extremadamente popular en el Occidente apóstata actual, incluso entre quienes, en general, carecen de todo interés por lo espiritual. Mi amigo Pedro cree que esto es un síntoma de una colonización esotérica por parte de la India, la cual se estaría vengando de la colonización exotérica que sufrió a manos de los británicos. Yo ya intuía que algo muy siniestro se esconde tras la reencarnación, pero ahora poseo la erudición necesaria para refutar esta pérfida doctrina pagana que ha infectado a Occidente:

En la época de los Vedas (siglos XIII-X a.C.) los indios creían que el alma sobrevivía a la muerte física en otro plano de existencia. Entre hombres y dioses había una distinción absoluta y la idea de una fusión impersonal con la fuente de toda existencia era inconcebible. El muerto era enterrado con ropa y comida para el más allá, y en algunas partes de la India se arrojaba a las viudas a la pira funeraria del fallecido para que lo acompañaran tras la muerte, lo que evidencia que creían en la preservación de la identidad personal. De hecho, los familiares fallecidos formaban una suerte de jerarquía en el reino de los muertos. Al fallecido se le adoraba durante un año, tras lo cual se le incluía entre las ofrendas familiares del sraddha, un ritual mensual necesario porque los muertos podían influir negativa o positivamente sobre los vivos. Según los Vedas, el hombre se divide en cuerpo, alma y espíritu. El alma es la suma de las facultades psíquicas (voluntad, razón y emoción), el espíritu es el hálito vital que anima lo inerte. El dios Yama gobernaba las almas de los muertos, recibía las ofrendas de las familias a cambio del bienestar de los difuntos y castigaba a los malvados. La idea de una nueva existencia terrenal apareció con los Brahmanas (IX a.C.), que hablaban de una vida celestial limitada, dependiente de las buenas obras y las ofrendas hechas durante la vida terrenal. Tras agotar su recompensa, los hombres tienen que sufrir una segunda muerte en el reino celestial y retornar a la existencia terrenal. Los Upanishads (siglos VII-V a.C.) sitúan la segunda muerte no en el cielo sino en la tierra y afirman que la ignorancia (avidya) del verdadero yo (atman) pone al karma en acción, y que la reencarnación (samsara) es la consecuencia. Esto supone un cambio radical en la concepción de la vida de ultratumba desde los Vedas. Los Upanishads abandonaron la idea de morir en comunión con los dioses a través de ofrendas por la fusión impersonal con Brahma a través del conocimiento del atman. Según los Upanishads, la entidad que se reencarna es el yo impersonal (atman), que solo puede ser definido negando cualquier atributo personal. El atman no puede ser portador del progreso espiritual de nadie, pues no puede almacenar nada procedente del reino ilusorio de la existencia personal. El progreso espiritual es almacenado por el karma, en la forma de una reducción de deuda kármica. Al reencarnar de acuerdo al karma, la nueva persona recoge los frutos de "sus" acciones de vidas anteriores y debe hacer todo lo que pueda para escapar del cruel ciclo avidya-karma-samsara. A fin de dar coherencia al samsara, el Vedanta creó el concepto de "cuerpo sutil", una entidad vinculada al atman que porta la deuda kármica. No obstante, este cuerpo sutil no puede preservar elemento alguno de la existencia personal, sino que almacena una suma de tendencias impresas por el karma, que se materializarán en la vida personal sin dar pista alguna sobre su origen. Es imposible transmitir la memoria personal de una vida a otra, pues pertenece al reino ilusorio (maya) y se desvanece con la muerte física.

El budismo niega la existencia de un yo personal que se reencarna. La ilusión del yo es generada por una coalición de cinco agregados (skandha) en constante mutación: forma, sensación, percepción, pensamiento y consciencia. Estos cinco elementos son impermanentes (anitya), sufren constante transformación y carecen de todo principio unificador. Los hombres piensan que poseen un yo debido a la consciencia, pero, dado que esta cambia constantemente, no puede ser identificada con un yo personal permanente. Buda enseñó que solo el karma pasa de una vida a otra, usando la metáfora de la llama de una vela que prende otra vela aunque no posea sustancia propia: de la misma manera hay renacimiento sin transferencia del yo personal de un cuerpo a otro. El Libro Tibetano de los Muertos describe en detalle las supuestas experiencias que uno tiene entre reencarnaciones, implicando que el fallecido preserva algunos atributos personales. No obstante, estos se desvanecen justo antes del nuevo nacimiento, así que tampoco existe ningún elemento personal transmitido de una vida a otra: el recién nacido no puede recordar vidas previas o su existencia pre-reenarnación. Además, según los Sutras, la probabilidad de reencarnarse como humano es solo de una entre cincuenta mil BILLONES.

El dogma dhármico de la reencarnación llegó a Occidente en el siglo XIX con la Teosofía y la Antroposofía, tras lo cual aparecieron los gurús de la Nueva Era, responsables de su actual popularidad. Esta reencarnación, lejos de ser un tormento del cual debemos escapar a toda costa a través de la extinción del ego, es una suerte de evolución del alma. Esta distorsión, rechazada por los maestros orientales como una herejía corrupta, nace del deseo de adaptar el budismo al pensamiento occidental, pues el concepto de un yo impersonal reencarnándose ad nauseam es demasiado abstracto y pesimista para ser popular en Occidente. Además de asumir la reencarnación como dogma de fe, los nuevaeristas intentan probar que la Biblia contiene tal doctrina. No obstante, un análisis minucioso revela que ignoran sistemáticamente el contexto de los pasajes que usan como "pruebas":

 "Y si queréis recibir, él es aquel Elías que había de venir", "Mas os digo, que ya vino Elías, y no le conocieron; antes hicieron en él todo lo que quisieron: así también el Hijo del hombre padecerá de ellos. Los discípulos entonces entendieron, que les habló de Juan el Bautista" (Mateo 11:14, Mateo 17:12-13). El retorno de Elías fue profetizado en Malaquías 3:1 y Malaquías 4:5-6. En Lucas 1:17, un ángel dice sobre Juan Bautista: "Porque él irá delante de él con el espíritu y virtud de Elías, para convertir los corazones de los padres á los hijos, y los rebeldes á la prudencia de los justos, para aparejar al Señor un pueblo apercibido". Pareciera que estos versículos implican la reencarnación de Elías como Juan Bautista. No obstante, debemos notar que no dice "con el alma de Elías" sino "con el espíritu y virtud de Elías", lo que significa que tanto Juan Bautista como Elías recibían su virtud (gr. dunamis) profética del mismo espíritu: el Espíritu Santo. El propio Bautista negó el reencarnacionismo ante los sacerdotes de Jerusalén: "Y le preguntaron: ¿Qué pues? ¿Eres tú Elías? Dijo: No soy. ¿Eres tú el profeta? Y respondió: No" (Juan 1:21).

"Y preguntáronle sus discípulos, diciendo: Rabbí, ¿quién pecó, éste ó sus padres, para que naciese ciego? Respondió Jesús: Ni éste pecó, ni sus padres: mas para que las obras de Dios se manifiesten en él" (Juan 9:2-3). Según el reencarnacionismo, este ciego pecó en otra vida. No obstante, la pregunta de los apóstoles no implica reencarnación, sino que confirma que algunas sectas judías de la época creían que el feto puede pecar de alguna forma. Jesús nunca perdía oportunidad de instruir a los apóstoles en cuestiones espirituales, y la reencarnación sería una doctrina esencial, por lo que habría usado esta oportunidad para hablarles sobre el karma. Por contra, en su respuesta, Jesús rechaza tanto la idea de pecar antes del nacimiento como la del castigo por los pecados de los padres.

"No os engañeis: Dios no puede ser burlado: que todo lo que el hombre sembrare, eso también segará. Porque el que siembra para su carne, de la carne segará corrupción; mas el que siembra para el Espíritu, del Espíritu segará vida eterna" (Gálatas 6:7-8). Este "sembrar y recoger" de San Pablo es muy popular entre los reencarnacionistas, pero el siguiente versículo aclara que se refiere a juzgar los efectos de nuestras obras desde la perspectiva de la vida eterna, sin otra existencia terrenal implicada. Para San Pablo el Juez Cósmico es Dios, no el karma impersonal.

Otra tesis nuevaerista afirma que originalmente la Biblia contenía la reencarnación, pero que esta enseñanza fue suprimida en el Concilio de Constantinopla II del año 553, a causa del deseo del clero de manipular al pueblo. En este caso, cabría preguntarse por qué no suprimieron los pasajes que tanto gustan de usar como "pruebas". Además, los nuevaeristas suelen citar al excéntrico Orígenes de Alejandría como "ejemplo" de que los teólogos paleocristianos creían en la reencarnación. No obstante, aunque Orígenes simpatizaba con el platonismo, afirmar que creía en la reencarnación es absurdo. Fue anatemizado como hereje en el citado Concilio por predicar la preexistencia del alma y la apokatastasis (universalismo), pero nunca creyó en la reencarnación como afirman los nuevaeristas. De hecho, Orígenes refutó esta doctrina en su ensayo El Espíritu y la Virtud de Elías, no su Alma, estaban en Bautista:

"No creo que se hable del alma de Elías, no sea que yo caiga en el dogma de la transmigración, que es ajeno a la Iglesia de Dios, no enseñado por los apóstoles, ni aparece en ninguna de las Escrituras, pues está también opuesto al dicho de que "las cosas visibles son temporales", y a "esta edad debe tener una consumación", y a la culminacíon del dicho "los cielos y la tierra pasarán", y "las cosas de este mundo pasarán" y "los cielos perecerán"...", "Pues, observo, no dice en el alma de Elías, en cuyo caso la doctrina de la transmigración podría tener algo de base, sino "en el espíritu y la virtud de Elías"...".

Aparte de Orígenes, Justino Martir rechazó la reencarnación en su Diálogo con Trifo, donde afirma "Según Platón, los malvados son encarcelados en los cuerpos de bestias ferales, y ese es su castigo... ¿Saben ellos, acaso que es por esa razón que están en esas formas, y que han cometido pecado? No lo creo... Entonces no les aprovecha su castigo, como parece: es más, yo diría que no son castigados salvo que sean conscientes de su castigo... Por tanto las almas no pueden ver a Dios ni transmigrar a otros cuerpos, pues no conocerían que están siendo castigadas". En su famoso ensayo Contra Haeresias, Ireneo titula el capítulo XXXIII "Absurdidad de la Doctrina de la Transmigración de las Almas". Todo el capítulo es una crítica que enfatiza la futilidad de una reencarnación vacía de toda memoria de vidas pasadas. En su Ensayo sobre el Alma, Tertuliano traza el reencarnacionismo hasta Pitágoras, al que califica despectivamente como "el sofista de Samos" por esta razón. Gregorio de Nisa, uno de los principales teólogos paleocristianos rechazó la predestinación en su obra Contra Fatum, así como el concepto de la reencarnación en el capítulo XXVIII de su ensayo De la Creación del Hombre. Todos estos Padres de la Iglesia vivieron antes del 553, ergo no puede ser cierto que el reencarnacionismo fue censurado por el clero. La reencarnación nunca ha sido aceptada por el cristianismo porque destruye sus fundamentos básicos, transformando a Dios en un espectador impotente de la tragedia humana, lo que niega Su Rol como Salvador de la Humanidad. Además, un reencarnacionismo coherente implicaría una postura desapegada, amoral, hacia el crimen y las catástrofes, que no serían sino las deudas kármicas pagadas por sus víctimas, cuyo sufrimiento sería el castigo por sus malas obras de vidas pasadas.

Guiados seamos por Jesucristo,

Neph

NOTAS:

1. El Tao Te King, compuesto en el siglo VI, no contiene la reencarnación, la cual fue adoptada por el taoísmo chino tres siglos después por la influencia del budismo en China. En Egipto, el Libro de los Muertos describe el viaje del alma en el más allá sin alusión alguna a su retorno a la tierra. Los egipcios momificaban a sus muertos para que el cuerpo se preservara y acompañara al alma en el más allá, lo que sugiere que creían en la resurrección más que en la reencarnación.
2. Para los filósofos griegos, la reencarnación pertenecía al platonismo. A diferencia de los maestros orientales, Platón, bajo influjo órfico y pitagórico, predicó la preexistencia del alma, que existe desde la eternidad en un mundo celestial perfecto de seres personales, inteligentes, que no eran manifestaciones de una esencia impersonal (Brahma) ni criaturas de un Dios personal. Aunque las almas vivían en un estado puro, de alguna forma el amor divino se enfrió en ellas y, como resultado, cayeron en cuerpos físicos en este mundo terrenal, imperfecto. Para ser liberada de la existencia humana y retornar a la existencia espiritual, el alma debe ser purificada a través de la reencarnación: "diez mil años deben pasar antes de que el alma de cada uno retorne al lugar de donde procede". Solo el alma del filósofo puede volver al estado original en menos tiempo (tres mil años). Las almas que no aspiran a la perfección son juzgadas tras su vida terrenal y castigadas en "las casas de la correción, que están bajo tierra". Una vida no es suficiente para retornar al estado original de pureza, ergo "el alma de un hombre debe pasar a vivir como bestia, o de bestia volver de nuevo a ser hombre". Esta es la reencarnación platónica: no el viaje de un yo impersonal (atman) hacia una unión impersonal con el Absoluto (Brahma), sino un castigo temporal en el viaje de retorno a una existencia personal purificada.
3. Para entender la dantesca crueldad del infierno budista, algo que los nuevaeristas ignoran deliberadamente, recomiendo a "Master Roger", un predicador de fuego y azufre en versión Nueva Era: http://www.yogaroger.com/ESPANOL/TEXTOS/T%20MASTER/INFIERNO.htm
4. El karma no admite el concepto de perdón por los pecados, solo una acumulación de deuda kármica seguida de castigo en las vidas futuras, como predicó el yogi Swami Sivananda: "Si un hombre bueno sufre en esta vida, es debido al mal karma heredado de su vida anterior, pero será recompensado en su siguiente vida. Si un hombre malvado goza en esta vida, se debe al buen karma de su vida anterior, pero sufrirá en su siguiente vida. La ley del karma es inexorable e implacable". Respecto al prejuicio nuevaerista de que el reencarnacionismo mejoraría la moral de Occidente, Sivananda afirmó: "La reencarnación es cierta, pero eso no hace diferencia moral alguna, pues en la India todos creemos en la reencarnación y la aceptamos como un hecho, pero tenemos tantos ladrones y asesinos como vosotros tenéis en Occidente".
5. El karma no es "justicia perfecta" como afirman los nuevaeristas, pues dado que el castigo solo puede experimentarlo una persona, la cual deja de existir con la muerte física, será otra persona la que pagará las consecuencias del karma del fallecido (el atman que se reencarna no puede sufrir, pues solo es un observador de la vida personal). Si al momento de morir no queda deuda kármica, la separación del atman del reino ilusorio de lo personal es permanente (el nirvana). Si no, el atman es forzado a entrar en una nueva asociación ilusoria con la personalidad hasta que consuma todos los frutos de sus vidas pasadas, para lo cual una nueva persona nace cada vez que el atman entra en un nuevo cuerpo humano. La nueva persona heredará el karma producido por las personas previas que fueron habitadas por el mismo atman. Este mecanismo, en el que una persona acumula karma y otra paga las consecuencias es una contradicción flagrante de la supuesta justicia perfecta. Para alcanzar el nirvana, la persona que sufre las consecuencias de su karma debe hacerlo con resignación, pero este ideal es poco realista, pues en lugar de adoptar una actitud pasiva ante las dificultades de la vida, los humanos casi siempre reaccionan con indignación, acumulando deuda kármica constantemente. Así se crea un círculo vicioso en el que la deuda kármica crece infinitamente, ergo la justicia kármica no solo no resuelve el Problema del Mal sino que lo amplifica, lo que implica que falla como teodicia. Además, el karma contradice la moralidad india, el ahimsa (no-violencia). Los indios son vegetarianos porque creen que de participar en la muerte de un ser vivo el karma nos castigará: el carnicero que despedaza un cerdo se reencarnará en cerdo para ser despedazado, pues de acuerdo al karma (pero en contra del ahimsa), el cerdo tenía que morir despedazado pues era la reencarnación de otro carnicero. Así, el karma actúa paradójicamente condenando a aquellos que ejecutan su "justicia". Aparte de la promesa de vidas futuras en las que llegar al nirvana, la reencarnación solo ofrece resignación y desesperación ante la muerte: el samsara no tiene ni principio ni fin, lo que supone una tragedia eterna, no justicia cósmica.
6. Existen dos pruebas "científicas" de la reencarnación: las regresiones hipnóticas y las regresiones infantiles. El hipnotista Jan Wilson, en su obra Reencarnación, nos habla de un paciente que decía vivir bajo el reinado de Ramses III. No obstante, un egipcio nunca habría numerado al faraón, pues esta fue una innovación de los egiptólogos del siglo XIX. Además, el paciente usó Tebas, nombre griego muy posterior a Ramsés III, para la capital egipcia, y mencionó el uso del sestercio, que fue introducido por Roma un milenio después. Otro paciente dijo recordar a los vikingos desembarcando en América en el siglo XI, los cuales portaban yelmos hornados. No obstante, hoy sabemos que los vikingos usaban yelmos cónicos. Estos hechos prueban que las supuestas vidas pasadas están condicionadas culturalmente, lo que hace dudosa su veracidad: por eso los reencarnacionistas suelen evitar mencionar datos "demasiado" específicos. Según Wilson, un paciente hipnotizado es muy vulnerable a la sugestión, pudiendo confundir fantasías con recuerdos, por ej, una mujer que fue hipnotizada para tratar una neurosis y "recordó" un incidente de abuso sexual por parte de su padre que luego se demostró falso. Los jueces conocen estos peligros y por ello se niegan a aceptar testimonios obtenidos bajo hipnosis. Las regresiones hipnóticas son resultado de inducir el Trastorno de Personalidad Disociativa con la hipnosis. El paciente puede cambiar de personalidad hasta 20 veces seguidas, incluyendo mentalidad, voz y sexo, aunque una de ellas conoce los actos y pensamientos del resto y es capaz de hablar por todas. Bajo hipnosis una parte de la mente permanece consciente, pudiendo así recibir información del mundo real, lo que nos lleva al fenómeno parapsicológico de la canalización, la comunicación con entidades espirituales a través de médiums. La supresión de la consciencia con la hipnosis crea condiones óptimas para contactar con tales entidades, que pueden hacerse pasar por personalidades de vidas pasadas. La única razón para rechazar esta tesis es la presunción de que la entidad canalizada no tiene razón alguna para mentir cuando afirma ser una personalidad pasada y una fe ciega en la interpretación reencarnacionista del fenómeno. En palabras de Wilson: "Es como un teatrillo: podemos ver a las marionetas, podemos ver algunas de las cuerdas, pero no podemos ver al marionetista". Respecto a las regresiones infantiles, suele citarse al caso de las hermanas Devi, dos niñas indias de 3 y 4 años que afirmaban ser viudas reencarnadas y madres de dos niños de otra aldea. En estos casos es habitual que los niños rechacen a sus padres y se escapen de casa en busca de sus "verdaderas" familias. No obstante, cabe la posibilidad de que estos niños sean poseídos por entidades espirituales, pue casi todos estos casos son de niños de 2 a 5 años, cuando su discernimiento espiritual es casi inexistente. Al crecer, las entidades pierden su influencia sobre ellos, lo que explica por qué las memorias de vidas pasadas se pierden tras los 10 años. Existe un caso de un niño indio de 3 años, que tras despertar de un coma afirmó ser un brahmán de una aldea cercana, muerto en un accidente durante el tiempo del coma. Dado que el brahmán murió cuando el niño tenía 3 años, este no puede ser su reencarnación, pues hasta ese momento ambos vivían físicamente en aldeas próximas. Hablando a través del niño, el brahmán afirmó que "un santo" le aconsejó refugiarse en el cuerpo del niño, lo que implica que es un caso de posesión del cuerpo del niño por el espíritu del brahmán. De hecho, la capacidad de poseer cuerpos ajenos es considerada un siddhi (magia) en la India (yo mismo poseí a una persona durante un sueño lúcido como relaté hace años a mi amigo Pedro). Las regresiones infantiles son culturalmente dependientes, pues  ocurren en la Indosfera, donde la reencarnación es dogma de fe. Por eso los casos asiáticos son mucho más detallados que los occidentales. Además, de acuerdo al Vedanta, solo se reencarna el atman acompañado del cuerpo sutil. La memoria, como todo elemento psicológico que define a la personalidad no pertenece al atman o al cuerpo sutil, ergo cesa de existir con la muerte física. Por esto los maestros orientales, a diferencia de los "maestros" occidentales, no aceptan las regresiones como pruebas de la reencarnación.

No hay comentarios: