24 sept. 2010

Seis cosas, Señor

Dios mi Señor,
consigue con mi espada que aquellos que te buscan te encuentren;
dame fuerza para los desalentados;
dame esperanza para los oprimidos;
dame misericordia para los arrepentidos;
da tormento a los perversos y ante todo,
da justicia a los excluidos

21 sept. 2010

Dios perdona siempre

Todos recordamos aquella escena en la que una gran muchedumbre traía a una mujer sorprendida en adulterio. Venían con piedras en las manos, dispuestas a apedrearla. Jesús les dijo retándoles: "El que esté libre de pecado, que tire la primera piedra". Y ese Jesús, al ver que nadie le tiraba piedras, le dice: "¿Nadie te ha condenado, mujer? Yo tampoco te condeno".

Agradecemos inmensamente a San Lucas que nos haya hecho este reportaje trágico y estupendo al mismo tiempo, que podría titularse: "Cómo condenan los Hombres. Cómo perdona Dios".

Por experiencia sabemos que los hombres no perdonan, ni olvidan. Pero es un alivio oír de labios de Jesús aquellas palabras: "Yo tampoco te condeno", porque todos sentimos en lo más hondo del alma la necesidad grande y dolorosa de que Dios nos perdone.

No es difícil aparentar ante los demás ser hombre de bien o mujer honesta, pero ante Dios, no queramos guardar las apariencias, porque no podemos.

En el fondo Dios nos asusta. Y algunas veces nos preguntamos seriamente: ¿Podrá Dios perdonarme a mí? Hay algunos que ya no se lo preguntan, sino que se dicen a sí mismos con una tremenda seriedad: "Yo no tengo perdón de Dios".

Es la misma frase que debió decir Judas cuando vio que su traición le costó la vida a Jesús; "He pecado entregando sangre inocente". ¡Muy bien dicho!.

Entró en el templo y arrojó 30 monedas en la cara de los sacerdotes y escribas, ¡muy bien hecho!.

Judas todavía conservaba algo bueno. Esa frase y esas monedas fueron dos hechos grandes dignos de un santo. Pero en ese momento en que pudo cambiar totalmente su vida, se atravesó en su mente una desesperada y terrible convicción: ¡No tengo perdón de Dios, no tengo perdón de Dios!. Y fué y se ahorcó

En vez de volver a ver a Cristo, a pedir perdón, nos vamos ahorcando poco a poco en la desesperación, seguimos los mismos pasos y los mismos pensamientos: "He pecado muchas veces, ya no me puede perdonar Dios".

Quizá también tiramos las monedas a la cara del demonio o de una persona, pero nos falta el paso más importante, el mismo que le faltó a Judas, el que salvó a Pedro: las lágrimas de arrepentimiento.

El error del traidor fue pensar que Cristo no lo quería perdonar, que era demasiado. Pero se equivocó. Aquella misma noche Cristo lo había invitado a su mesa, a cenar con Él. Le lavó los pies con delicadeza y lo llamó amigo en el mismo momento que lo vendía.

Pedro hizo algo más grave que Judas, renegó tres veces de Él, del mismo Dios, pero no desesperó; aquella mirada de Cristo se lo aseguró. Mientras Judas se suicidaba abriéndose las entrañas, así lo dice el Evangelio, el rudo pescador de Galilea, lloraba como un niño a las puertas de la casa de Caifás.

Han pasado 20 siglos de historia desde aquel día. Han existido muchos imitadores de Judas y Pedro. ¿A quién de los dos prefieres imitar?

Confía en Dios y acertarás. Hace mucho tiempo que Cristo te espera. Es una cita de perdón, para decirte con un amor tan inmerecido como cierto: "Yo tampoco te condeno, ve y no vuelvas a pecar..."


Pedro y Judas representan a dos clases de hombres: todos pecamos como éllos: Judas vendiéndolo, Pedro negándolo. Pero Judas se ahorcó de un árbol y Pedro lloró confiadamente su pecado. Esa es la diferencia

19 sept. 2010

Diez mitos sobre la arquitectura religiosa contemporánea

Traducción: Pablo Álvarez Funes.

1.- El Concilio Vaticano II nos pide rechazar la arquitectura religiosa tradicional y diseñar nuevas iglesias en estilo moderno.

Este mito se basa más en lo que los Católicos Romanos han construido durante los últimos treinta años que en las enseñanzas de la Iglesia. Incluso para criterios profesionales, la arquitectura religiosa de la última década ha sido un desastre imposible de mitigar. Sin embargo los hechos a menudo cuentan más que las palabras, y se ha enseñado a los fieles que la Iglesia quiere que sus edificios sean abstracciones funcionales, porque eso es lo que se ha estado haciendo. Nada podría estar más lejos de las intenciones de los padres del Concilio, quienes pretendían claramente continuar con la excelencia histórica de la arquitectura Católica. Es más importante tener en mente que “no debe haber innovaciones a menos que la Iglesia las requiera de forma genuina y sincera, y debe tenerse en cuenta que cualquier nueva forma adoptada debería de alguna forma surgir orgánicamente de las formas preexistentes” (Sacrosantum Concilium).

De la misma forma que la teología Católica implica aprender del pasado, el diseño de arquitectura Católica se inspira e incluso cita la tradición y las expresiones perdurables en el tiempo de la arquitectura religiosa. El Concilio Vaticano II es claro al respecto, “La Iglesia no ha adoptado ningún estilo concreto como su propio arte. Ha admitido estilos de todas las épocas, de acuerdo con las características y condiciones naturales de las personas y las necesidades de los diversos ritos. Así, a lo largo de los siglos ha creado un tesoro artístico que debe preservarse con todo cuidado. El arte de nuestro propio tiempo de toda raza y nación debería tener eco en la Iglesia, permitiendo la reverencia y honor necesarios en los edificios y ritos sagrados. Así se nos permite unir esa voz al hermoso coro de oración en honor a la fe Católica que cantaron grandes hombres en edades pasadas” (Sacrosantum Concilium).

2.- Las nuevas iglesias deberían proyectarse de acuerdo al documento “Arte y Entorno en el culto Católico”, publicado por el Comité Episcopal para la Liturgia en 1977.

Debido a la ausencia de alternativas, este panfleto se ha convertido en una auténtica Biblia para muchas iglesias de nueva planta o restauradas. Este documento, que nunca fue votado por la Conferencia Episcopal Americana y no tiene peso canónico, se basa más en los principios de la arquitectura moderna que en las enseñanzas de la Iglesia Católica, o su patrimonio en arquitectura sacra. Se aprecia en esta debilidad un énfasis en el punto de vista congregacional de la Iglesia, un antagonismo para con la historia y la tradición, y una estridente iconoclasia. Debido a la controvertida naturaleza del documento el Comité Episcopal para la Liturgia está actualmente preparando una nueva versión esperanzadoramente mejorada.

3.- Es imposible que podamos construir iglesias hermosas hoy día.

Esto es como decir que es imposible que podamos tener santos en la Edad Contemporánea. Por supuesto que podemos y deberíamos construir iglesias hermosas otra vez. Vivimos en una era que ha enviado hombres a la luna y que invierte ingentes sumas de dinero en museos y estadios deportivos. Deberíamos ser capaces de construir edificios con la calidad de las Basílicas Paleocristianas o las Catedrales Góticas. La arquitectura secular reciente está siendo testigo de un renacimiento de la arquitectura, artesanía y construcción tradicionales. Hay un número creciente de jóvenes arquitectos con talento que proyectan edificios en la tradición clásica (muchos de los cuales estarían encantados de poder proyectar edificios sagrados). Los estudiantes de la Universidad de Notre Dame, formados en la tradición clásica, son fuertemente demandados por estudios de arquitectura y clientes particulares.

Habría que indicar a este respecto que desde 1970 se ha construido un buen número de iglesias que ejemplifican los principios de belleza, durabilidad y conveniencia: San Juan Capistrano en California, 1989; Catedral de Brentwood en Inglaterra, 1992; la Abadía Benedictina de Sainte Madeleine en Francia, 1989; la Iglesia de la Inmaculada Concepción en Nueva Jersey, 1996; la Iglesia de Azoia en Portugal, 1995; la Iglesia de Santa María en Texas, 1997; la Iglesia de Santa Inés en la Ciudad de Nueva York, 1997; el Oratorio de Pittsburg, 1996, etc.

4.- No podemos permitirnos construir iglesias hermosas hoy día. La Iglesia dispone de los fondos que tuvo antaño.

De hecho, los Católicos Romanos somos la confesión más solvente del país a día de hoy. Tenemos más centros y líderes cívicos que otros grupos religiosos. Nunca hemos sido más solventes, aunque nunca hemos construido iglesias tan baratas. Esto refleja las prioridades de donación americanas; de 1968 a 1995 los ingresos provenientes de donaciones particulares cayeron un 21%. El Pueblo de Dios necesita ser animado a contribuir a la construcción de casas de oración. Los obispos y diócesis deberían promover la máxima calidad antes que limitar los presupuestos. Los fieles deberían estar dispuestos a gastar más en la casa de Dios que en sus propias casas y construir con una calidad que exceda la de otros edificios públicos. Una historia de gran filantropía es la de la Iglesia del Espíritu Santo de Atlanta que recibió una generosa suma de dinero de unos cuantos feligreses permitiendo construir una elegante iglesia neorrománica de ladrillo a principio de la década de 1990. Otras parroquias, para construir iglesias dignas y hermosas, han decidido posponer las obras hasta recaudar fondos suficientes o bien han elegido construir por fases.

5.- El dinero que se gasta en las iglesias debería invertirse mejor en servir a los menos afortunados, alimentar al hambriento y educar a los jóvenes.

Si la iglesia fuera un simple punto de encuentro este punto de vista sería legítimo. Sin embargo, una iglesia hermosa es también una casa para los pobres, un lugar de alimento espiritual y un catecismo en piedra. La iglesia puede evangelizar mediante la expresión de la belleza, permanencia y trascendencia del Cristianismo. Más importante aún, la iglesia como edificio es la imagen del cuerpo de Nuestro Señor, y construyendo un lugar de culto nos convertimos en la mujer que untó el cuerpo de Cristo con precioso ungüento (Marcos 14:3-9).

6.- Las plantas en abanico, en las que todo el mundo puede ver la asamblea y estar cerca del altar, es la más apropiada para expresar la participación completa, activa y consciente del cuerpo de Cristo.

Este mito viene de la visión radical que considera la asamblea como símbolo primario de la iglesia. Mientras la planta en abanico es perfecta para teatros, salas de conferencias o incluso parlamentos, no es la planta adecuada para la liturgia. Irónicamente, el argumento empleado para usar estas plantas es para animar la participación, pues la planta semicircular se basa en las salas de entretenimiento. La planta en abanico no proviene de los escritos del Concilio Vaticano II, sino del teatro griego o romano. Hasta tiempos recientes nunca fue usada como modelo para iglesias católicas. De hecho, las primeras iglesias-teatro eran auditorios protestantes del siglo XIX proyectados para focalizar al predicador.

7.- El edificio de la iglesia debería proyectarse con noble simplicidad. Las capillas devocionales y las imágenes de los santos distraen de la liturgia.

Este principio ha sido usado para construir y restaurar iglesias de la forma más iconoclasta. El historiador del arte Winckelmann usó el término “noble simplicidad” hacia 1755 para describir la genuina obra de arte que combinaba elementos sensuales y espirituales a la vez que belleza e ideas morales en una forma sublime, que para él estaba en el arte griego. Así “noble simplicidad” no debe confundirse con el simple funcionalismo, minimalismo abstracto o cruda banalidad. El Concilio Vaticano II afirma que el arte sacro debería orientar las mentes devocionalmente hacia Dios y que “animando y favoreciendo el arte verdaderamente sacro, debería buscar la noble belleza antes que el artificio suntuoso”. La Instrucción General del Misal Romano (IGMR) afirma que “la decoración de la iglesia debería apuntar a la noble simplicidad antes que la ostentosa magnificencia”. La preocupación por las distracciones viene de la aversión moderna a las imágenes figurativas y al deseo de ser más didácticos que simbólicos. Pero el IGMR afirma que “los edificios para el culto divino deberían ser hermosos y simbólicos”. El Concilio Vaticano II afirma que “debe mantenerse la práctica de colocar las imágenes sagradas en las iglesias de forma que puedan ser veneradas por los fieles”. La IGMR dice que “desde los primeros días ha existido una tradición en la que las imágenes de Nuestro Señor, su Santa Madre y los Santos se colocaban en las iglesias para la veneración de los fieles”.

8.- La Iglesia Católica debería construir en la vanguardia más avanzada de su tiempo, tal y como ha hecho a lo largo de la historia.

Durante mil quinientos años, y hasta la Segunda Guerra Mundial, la Iglesia Católica Romana era considerada el mejor mecenas del arte y la arquitectura. La Iglesia formó artistas y arquitectos cristianos que influenciaron la arquitectura secular. Sin embargo durante los últimos cincuenta años se han cambiado los papeles, y la Iglesia ha estado siguiendo la vanguardia de la cultura secular y a arquitectos que no han sido formados en una visión católica del mundo. Mientras antes el desarrollo de la arquitectura católica se inspiraba en la continuidad con las obras del pasado, el concepto moderno de “vanguardia” implica progreso a través de una ruptura continua con el pasado.

Los documentos eclesiásticos piden a los obispos animar y favorecer un arte verdaderamente sacro y embeber a los artistas “con el espíritu del arte sacro y la sagrada liturgia”. El reciente interés de los fieles en la arquitectura litúrgica indica que la Santa Madre Iglesia recupera su legítimo lugar como mecenas preeminente. En este sentido “siempre ha reivindicado el derecho a emitir su juicio sobre las artes, decidiendo qué obras están de acuerdo con la fe y la piedad, y pueden considerarse adecuadas para ueso sagrado. Además “los obispos deberían asegurarse cuidadosamente de que las obras de arte que son repugnantes a la fe, moral y piedad cristiana, y que ofenden la sensibilidad religiosa o las formas ya sea mediante formas depravadas, falta de mérito artístico, mediocridad o pretensión, sean retiradas de la casa de Dios y de otros lugares sagrados” (Sacrosantum Concilium).

9.- En el pasado, las iglesias se veían como Domus Dei o Casa de Dios, hoy hemos vuelto a la visión del Cristianismo temprano de la iglesia como Domus Ecclesia o Casa del Pueblo de Dios.

Se ha dicho que el Catolicismo no es una religión de “cualquier/o” sino de “ambos/y”. Contrasta con esto una visión antinómica derivada de la Ilustración, que argumenta que una iglesia no puede ser a la vez la casa de Dios y la casa de Su pueblo, quienes son miembros de Su cuerpo. Cuando se piensa en la iglesia simplemente como casa del Pueblo de Dios, se convierte en un gran salón horizontal o un auditorio. Estos dos nombres históricos, domus Dei y domus ecclesia, expresan dos naturalezas distintas pero complementarias de los edificios eclesiásticos como presencia de Dios y de la comunidad reunida por Dios. “Estas iglesias visibles no son simples lugares de reunión, pero dignifican y hacen visible la Iglesia viviente en ese lugar, la casa de Dios con hombres reconciliados y unidos en Cristo” (Catecismo).

10.- Como Dios está en todas partes, Él está tan presente tanto en una plaza de aparcamiento como en una iglesia. Es más, los edificios eclesiásticos no deberían verse más como lugares sagrados.

Esta es una idea contemporánea muy atractiva que tiene más que ver con la teología pop que con la tradición Católica. Desde el principio de los tiempos, Dios ha elegido encontrarse con Su pueblo en lugares sagrados. El “suelo sagrado” del Monte Sinaí se trasladó a la tienda en el desierto y al Templo de Jerusalén. Con el advenimiento del Cristianismo, los creyentes construyeron edificios específicos para la liturgia divina que reflejaran el templo celestial, el tabernáculo y otros lugares santos. En el Canon “el término iglesia significa un edificios sagrado destinado al culto divino al cual los fieles tienen derecho de acceso para el culto divino, especialmente en su ejercicio público”. Como un lugar aparte para la recepción de los sacramentos, la propia iglesia se vuelve sacramental teniendo como centro al sagrario, que significa lugar santo. Al igual que las ceremonias, los elementos como el altar y el ambón y los objetos artísticos son denominados sacros, también son sagrados los edificios proyectados para albergarlos. Por tanto intentar eliminar la distinción entre la iglesia como lugar sagrado para actividades sagradas es disminuir nuestra reverencia a Dios.

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El Profesor Stroik recibió su formación arquitectónica en la Universidad de Virginia y en la Universidad de Yale. Tras su graduación, trabajó como proyectista para el arquitecto Allan Greenberg, para quien proyectó prestigiosos edificios civiles, institucionales, docentes y residenciales. Desde 1990 Stroik ha enseñando arquitectura clásica en la Universidad de Notre Dame, denominada por el New York Times “Atenas del nuevo movimiento clásico”. El Profesor Stroik es además el jefe de Duncan G. Stroik Arquitectos, LLC, que se ha especializado en arquitectura eclesiástica durante veinte años.

12 sept. 2010

Hacer Arte Religioso hoy día.

Arístides Artal. San Pedro


El arte religioso no es cuestión de un estilo o una corriente estética sino de saber acertar y de que realmente tenga calidad y sirva para elevar la mente y el corazón a Dios. Las fotos de la Iglesia de S. Luca en Graz, Austria, son realmente atroces, es la estética del bar de un casino de Las Vegas, pero se pueden hacer iglesias muy modernas y que sirvan para ser realmente “casa de Dios”, sin necesidad de acudir al pasado como la arquitectura tradicional de Thomas Gordon Smith. Como lo hace Gaudí, ahora que éste era un genio y de esos hay pocos.

Después del Vaticano II hubo una clara intención de despojar la riqueza de las iglesias y las órdenes religiosas vendían los ornamentos sagrados por un espíritu equivocado, creo que se ha metido esa idea en la arquitectura también, aparte de la idea de arquitectura racionalista, por las iglesias garaje, etc. También creo que ahora hay menos presupuesto a la hora de construir una iglesia. También para muchos arquitectos nuevos la idea de decoración les molesta pues quieren que sólo se vean sus espacios creados. Hay muchas casas de diseño tan frías que un hombre realmente se puede sentir incómodo viviendo allí. No son confortables no crean hogar, familia. Algo parecido pasa con las iglesias no crean hogar, ni familia con Dios. Sobre el tema litúrgico de si el altar tiene que estar aquí o allí, no me meto, que se cumplan las directrices que mande la Iglesia.

Antiguamente los buenos artistas, los genios trabajaban el arte religioso: Miguel Angel, Leonardo, Velázquez… Ahora no y los que se encargan de hacerlo son artistas de poca monta y así vemos las iglesias llenas de imágenes muy pobres. Desgraciadamente para los buenos artistas Dios no existe, incluso les resulta molesto. ¡Con esa idea en la cabeza cómo podrían hacer arte religioso! Para hacer arte religioso hay que vivir la religión si no, no trasmites nada, por ejemplo Rubens a mí no me transmite en pintura religiosa. Parecen sus Vírgenes y sus santos otros dioses más de la mitología. Hay pocos artistas realmente que estén capacitados para crear una obra de altura en arte religioso y cuando intentas crearla te encuentras con la “ardua mediocritas”, muchas personas que no tienen profundidad en la mirada. Personas que sólo quieren la repetición de un cliché ya admitido por la inmensa mayoría. En España se dice “sota, caballo y rey” y lo que se salga de ahí, no lo quiero. Un ejemplo en el terreno de la música, sería la música Pop. La mayoría de la gente sólo escucha música Pop, les pones otra y no la entienden, no quieren salir de ahí. Les pones Clásica, Jazz, Celta, Klezmer… y no. Cuando realmente son las que tienen más altura, sobre todo la Clásica. En la literatura serían los Bestsellers.

Son las mismas personas a las que les aturde el realismo en pintura, así lo dice E. H. Gombrich en su introducción a la Historia del Arte: "No existe mayor obstáculo para gozar de las grandes obras de arte que nuestra repugnancia a despojarnos de costumbres y prejuicios. Un cuadro que representa un tema familiar de manera inesperada es condenado a menudo por no mejor razón de la no parecer exacto. Cuando más frecuentemente hemos visto un tema en arte, tanto más seguros estamos de que tiene que representarse de manera análoga. Respecto a los temas bíblicos en especial tal creencia llega al máximo; muchos se inclinan todavía a creer que apartarse de las formas tradicionales constituye una blasfemia. Ocurrió una y otra vez que semejantes esfuerzos de un gran artista para leer el viejo texto con ojos enteramente nuevos sorprendió e irritó a gentes irreflexivas. Un escándalo típico de esta clase se produjo en torno a Caravaggio".

A estas personas no les gusta el estilo naturalista de Velázquez (1) y Caravaggio y se decantan por el estilo idealizado como el de Rafael, Murillo (2), etc... para hacer estampas o Christmas. Yo he visto muy pocos Christmas con Velázquez, Rembrant, Caravaggio… siendo los mejores pintores.

(1) Velázquez. Inmaculada
(2) Murillo. Inmaculada

Jonathan Brown, el gran especialista en Velázquez, dice de él hablando del cuadro de la Adoración de los Reyes Magos: "Los pintores sevillanos de principios del siglo XVII constituían un grupo conservador apegado a las ideas que habían tomado principalmente de artistas flamencos de finales del siglo XVI encabezados por el maestro de Amberes Frans Floris. Velázquez descartó este estilo por artificial y trato de ver el mundo con ojos nuevos. Sus personajes parecen reales y no idealizaciones, cuidadosamente calculadas, del ser humano. Pacheco escribe que Velázquez empleaba modelos vivos para copiar las figuras de sus composiciones, en lugar de imágenes tomadas de cuadros o grabados». Caravaggio decía también que «todas las cosas no son más que frioleras, chiquilladas o boberías - quienquiera que las haya pintado - si no han sido tomadas del natural y que nada puede haber de bueno o de mejor que seguir a la naturaleza y esta copia pintar».

Caravaggio tiene cuadros religiosos que quizá pueden no convencer, como la Santa María de los palafreneros (3), por la puesta en escena que tiene, de una Virgen con ese escote y esos modos, pero siempre convence con la técnica pictórica. Hay que tratar a los personajes religiosos con dignidad, con amor, con naturalidad también, como pintarías a tu madre y eso hay muchos artistas que no lo hacen porque apenas conocen a quien representan.

(3) Caravaggio. Santa María de los Palafreneros

Eso es lo que me pasa con gentes que no tienen profundidad en la mirada, que pinto con modelos vivos como lo hacía Velázquez, Caravaggio pero no les gustan sólo mis cuadros sino los de estos Genios que he dicho y curiosamente los artistas, los historiadores del arte, los fotógrafos son los que admiran mis cuadros… es que hago Clásica, es que hago Jazz, buena música.

Se podrían escribir libros sobre hacer buen arte religioso hoy en día. Pero ¿contamos con los mejores para hacerlo?

Arístides Artal. Sagrado Corazón

8 sept. 2010

Experiencias personales

Bien, pues hoy hay una pequeña novedad. ¿En qué consiste? Es sencillo. Hoy participáis vosotros. No, aquí hoy no hay mucha cosa, esta vez somos todos, vosotros, los que pongáis anécdotas sobre vuestra relación con el Señor. Muestras que os lleven a pensar en que Dios, SÍ existe.

Cada cual puede poner aquí experiencias suyas que, por muy poco que pueda parecerle a algunos, para el que la ha experimentado ha sido más que suficiente como para abrir un poquito más su corazón. Sin más, hace un par de meses, me dirigía al bar donde trabajo. Yo estaba un poco chafao, no estaba muy animado y he de decir que precisamente estaba bajo de ánimo por preguntas sobre la Fe que no consigo responder. Buscaba algún periódico para leer pero, me encontré un bonito póster: era un paisaje precioso con una puesta de sol, un lago y un bosque. Me impresionó, y como no era de nadie me lo quedé. Pero eso no fue todo: tenía unas letras, que decían así:
Nuestra alma espera al Señor; nuestra ayuda y nuestro escudo es Él
Salmo 33:20
Lo interpreté como un guiño de Dios. Y desde luego que nuestra alma espera al Señor. En mi interior siento como una necesidad de Él. Quizás pueda sonar un poco exagerado lo que voy a decir, y no es que quiera morirme, pero sé que hasta que no deje este mundo y esté con Él, no voy a estar tranquilo. Son muchos actos, muchos errores, muchos pecados... Para aquellos que además no somos practicantes, y visitamos las iglesias sólo de turismo, por mucho que nos sintamos Católicos, nos pesa el corazón. Es esa sensación la que nos señala que sólo Dios es capaz de reparar este vacío.

5 sept. 2010

El arte sacro de hoy: ¿es arte y es sacro?

Autor: Steen Heidemann
Traducción: Pablo Álvarez Funes

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Nací en Dinamarca en la década de 1950, alcancé la mayoría de edad en la sociedad de los 60, embebido en los clichés del ateísmo liberal que me dejaron un gran vacío espiritual. Vacío que no se rellenó hasta que me convertí al Catolicismo varios años después en la Catedral de Westminster en Londres. Con formación artística y habiéndome involucrado bastante en una gran exposición sobre los Jesuitas y el Barroco, me di cuenta de la importancia de la imagen sacra en la proclamación de la fe, tan vital hoy, considerando sobre todo la ausencia de investigación intelectual y lectura entre los jóvenes.

Comparando el siglo XVII con nuestros días, he notado que ahora nos enfrentamos a un arte denominado Católico que la mayoría de las veces declara lo que Cristo no es, antes que lo que Él es. Es una forma de arte (si se puede llamar arte) donde lo trágico, lo absurdo y la negación de Cristo verdadero se convierte en una trinidad propia y perversa. Y ha creado su propia “pseudorreligión”, en la cual el “artista” ateo y humanitario se ha elevado a la categoría de sacerdote dogmático.

Como respuesta a la reciente crisis de vocaciones, y con el apoyo de varios sacerdotes, he empezado a usar mis conocimientos artísticos para escribir un libro, que se publicará en varios lenguajes, titulado “El Sacerdote Católico: La imagen de Cristo a través de veinte siglos de Arte”. Alrededor de 550 obras de arte de todas las épocas desde los días de las Catacumbas, este libro intenta explicar el sacerdocio a través de imágenes con la esperanza de atraer vocaciones para su más importante y hermoso ministerio. No es necesario decir que surgió un dilema en cuanto a la elección de qué obras de arte podrían representar nuestros tiempos.

Estudio para la Sexta Estación de la Vía Dolorosa. James Langley, Estados Unidos.

Para entender por qué el arte Católico de los últimos cincuenta años ha sido un monumental fracaso, no sólo es necesario entender cómo ha evolucionado la sociedad, sino además cómo estos cambios se han visto reflejados en lo que se denomina “arte contemporáneo”. A ese respecto recientemente se han publicado dos libros: Christine Sourgin, “Los Espejismos del Arte Contemporáneo” (La Table ronde, París 2005); y Aude de Kerros, “El Arte escondido” (Enrolles, París 2007). Este último nos proporciona una buena descripción de cómo ha surgido y se ha desarrollado el arte contemporáneo:

El movimiento dominante hoy día es el arte conceptual, que se autodenomina “contemporáneo”. No es una forma de arte en el sentido tradicional del término, sino más bien una ideología basada en lo que el propio artista considera arte, que luego es confirmado y aprobado por una élite. Esto ha sido bautizado como “arte contemporáneo”, fruto de la arbitrariedad, y no pretende tener un carácter esencial y verdadero. Sin embargo esta infinita diversidad excluye un elemento específico: el arte. El arte contemporáneo está fuertemente cimentado en varias claves prohibidas: el uso de las manos para moldear y transformar materiales con resultados formales positivos; la articulación de forma y significado en una unidad orgánica; la belleza y su manifestación misteriosa: el “aura”, la gloria de la sensibilidad. Muchos todavía creen que son continuidad de las “vanguardias” del arte moderno y no han percibido la realidad de la situación.

Ordenación. Nelson Carlin, Estados Unidos.

En Francia, pero también en otros lugares, el arte contemporáneo se ha convertido en la única y aceptable forma oficial de expresión. Ocurre tanto en el ámbito secular como en el Católico. Este “arte” forma parte de un mecanismo comercial donde las opiniones a menudo mal documentadas y políticamente correctas de la burocracia gubernamental determinan la asignación de fondos para la adquisición de obras de arte valoradas por intelectuales y críticos de moda, ignorantes nuevos ricos inversores de arte y punteras galerías de arte globales, generalmente Anglosajonas. Es un sistema totalitario donde el arte se ha convertido en una mercancía financiera con la que especular. Ha nacido el concepto de arte que no sirve sino a sí mismo. No hay transmisión de conocimiento, ni reconocimiento del pasado, y ciertamente no hay nada que pueda aprender el estudiante de arte, pues se percibe el riesgo de que el aprendizaje pueda “desnaturalizar” su talento espontáneo.

El arte contemporáneo es un vacío cultural, pero quien se atreva a hablar – como la niña del cuento del nuevo traje del emperador que se dio cuenta que el monarca estaba desnudo- será ignorado o tratado como un ignorante. Es una cesta de dinero que poco tiene que ver con el arte y no tiene nada que ver con la transmisión del mensaje de Cristo. El arte contemporáneo no ofrece referencias a la belleza, la verdad o la bondad; y por tanto no puede tener idea de una estética moral. No puede tener lugar en la Iglesia, no sólo por razones estéticas, sino porque fue concebido con la intención de servir únicamente al ego caído. De hecho, al igual que con los ángeles corruptos, el lema del arte contemporáneo podría ser fácilmente “non serviam”. Esta tensión ya era palpable en el siglo XIX, cuando algunos de los artistas más cualificados, especialmente en Francia, volcaron su talento fuera del arte sacro. Lo secular tomó el control y no ha parado desde entonces. El Impresionismo no sólo dio paso a un estilo pictórico sino también a una filosofía de vida.

Incluso dentro de la Iglesia, en un momento en que está necesitada de artistas capaces de transmitir claramente el mensaje de Cristo, es apreciable una marcada falta de filosofía y teología del arte. Sin que una gran mayoría se de cuenta, dos mil años de arte Cristiano han sido apartados silenciosamente, pero con firmeza. Se trata de una apostasía silenciosa que Christine Sourgins describe en términos de pseudorreligión:

Sacerdote, profeta, artista de arte contemporáneo, el es también rey. Pero su reino es el de las pasiones, que herencia distante, pero directa de la Era de la Ilustración. Para el arte contemporáneo las pasiones son espirituales. Las transgresiones que nos permiten ir más allá de nuestras percepciones ordinarias es para el arte contemporáneo verdadera trascendencia. Como conclusión, nos enfrentamos con una religiosidad invertida, que sigue pensando en términos religiosos.

Para la mayoría del arte contemporáneo no hay Resurrección ni sitio donde hallar al Redentor. El arte contemporáneo resulta ser una castración mental, o quizá, citando a George Orwell en 1984, “el estado mental predominante debe ser la locura controlada”. Y últimamente el arte contemporáneo encabeza un ataque contra la Fe Cristiana, que es la base de nuestra sociedad y su cultura.

El sacerdote que se ve a si mismo en la Imagen de Cristo. Rodolfo Papa, Italia

Los actuales principios anti-estéticos y la nueva ortodoxia de provocativa iconoclasia en los círculos artísticos no sólo han traído a los museos y galerías de moda blasfemias contra el mensaje de vedad y belleza de Cristo como los crucifijos de Andrés Serrano en un recipiente con orina o las burlas hacia la Misa Católica del austriaco Hermann Nitsch (por citar sólo dos ejemplos); también han creado un ambiente donde la ausencia de forma y expresión de distorsiones espirituales han ganado respeto. Es como si la belleza y la verdad hubieran sido sustituidas por la fealdad y la perversión como medio para representar lo sacro. Se supone que el arte contemporáneo debe ser “contextual”. Es el contexto el que generalmente corona a la “obra de arte”, y su revolucionaria trasgresión se convierte en sagrada o significativa. Un inodoro expuesto en una galería de moda londinense se convierte inmediatamente en obra de arte, mientras que en unos servicios públicos sigue siendo lo que es. Los artistas denominados “reales” en el mundo del arte contemporáneo pueden expresarse espiritualmente, pero sólo si demuestran dudas acerca de la religión, especialmente la Cristiana. De ahí que la ambigüedad y la ironía sean bienvenidas. Los iconos New Age de Alex Greyconstituyen una respuesta “ideal”. La mutilación hace algunos años de la Piedad de Miguel Ángel probablemente muestra el emblema de un mundo empeñado en destruir la verdad, la bondad y la belleza y suplantar a Cristo con un programa basado en la cultura de la muerte espiritual. Resulta interesante apuntar que “La última Cena” y la “Crucifixión” de Salvador Dalí sean las dos únicas obras pictóricas del siglo XX que hayan alcanzado fama universal. Todavía pueden adquirirse reproducciones en cualquier tienda del mundo. Ninguna obra pictórica contemporánea de naturaleza Cristiana ha alcanzado, ni siquiera por aproximación, tal estatus.

La Noche Oscura de San Juan de la Cruz. Philippe Leujene, Francia

Un buen artista Cristiano, especialmente aquel que se exprese de forma figurativa, es para los medios de comunicación un artista muerto, objeto de piedad en el mejor de los casos y apto para ser colocado en un museo como mero folclore. Dos años antes de su muerte, Andy Warhol creó una obra titulada “¡Arrepiéntete y no peques más!”. Se plantea la cuestión de cómo expresar artísticamente el mensaje de Cristo de forma que los fieles puedan comprenderlo. Hay artistas que tienen el coraje de sobresalir y crear obras de arte donde el mensaje de Cristo está clara y atractivamente representados sin la necesidad de un suplemento por escrito. Su trabajo es lo que Aude de Kerros denomina “el arte oculto”. Los medios de comunicación simplemente los ignoran, como si no existieran, o en el mejor de los casos los trata como artesanos y ciertamente no como “artistas”.

Siguiendo a Aude de Kerros, existen indicios de que en América, el arte contemporáneo está ampliamente aceptado como lo que es, una suerte de mercancía, y que lo que podemos considerar arte verdadero conserva su propio lugar. Sin embargo, como concluye, hay que esperar a que se haga una distinción semántica que separe el arte contemporáneo del arte verdadero. Así entonces podríamos empezara a evaluar el arte no conceptual y a cada artista individual. Esto es importante en general, pero vital en la Iglesia para marcar claramente los límites entre uno y otro.

¿Qué significa alcanzar este hito para el arte Cristiano? Lo primero a considerar sería darnos cuenta que el arte no puede producirse de la misma forma en que se encarga un coche o una pieza de arte contemporáneo. Es una especie de don que no se puede conseguir desde el materialismo. Requiere el don de la Fe. Dondequiera que se presenta, el mensaje de Cristo a través del arte encuentra su propia expresión. Está más allá del alcance de este artículo entrar en una discusión profunda y detallada sobre el arte Cristiano, sin embargo me gustaría hacer algunas sugerencias, la primera articulada muy bien por Rodolfo Papa, artista y profesor en la Academia Pontificia de las Artes de Roma:

La Iglesia no tiene un estilo artístico propio, porque lo importante no es cómo decir algo, sino lo que se quiere decir o comunicar; es fácil saber qué hacer “Rem tene, verba sequuntur” (Domina el tema, las palabras le seguirán). Creo que sólo el arte figurativo es capaz de hablar de los misterios Cristianos. El arte Católico se ha expresado a través de muchos estilos en el pasado, pero todos eran figurativos.

S. Alfonso Ligorio. Giusseppe Antonio Lomuscio, Italia.

Algunos podrán argumentar que lo abstracto puede usarse beneficiosamente para mostrar aspectos de la verdad que no son específicamente narrativos. De hecho, lo no figurativo puede subrayar el misterio de lo infinito y la mística con una intensidad que ninguna otra forma puede lograr. El peligro, sin embargo, es que, siendo totalmente abstracto, la obra de arte puede perder rápidamente su sentido Trinitario y convertirse rápidamente en una imagen que puede adherirse tanto a los conceptos de la Nueva Era como a la realidad Cristiana. Pintores, como por ejemplo Giovanni Battista Gaulli (“Il Baciccio”), abordaron en el pasado este tema con éxito, combinando la inundación de luz con el simbolismo figurativo Cristiano. Aquí se incluyen algunos ejemplos recientes como las obras de Philippe Lejeune y Agnès Hémery. Tal vez podamos sentir preferencia por la sobria expresión monástica de la Edad Media, el barroco exuberante o algunas de las obras más sentimentales del siglo XIX, pero un Católico ve todas estas formas de expresión como parte de la misma unidad centrada en Cristo. El problema surge cuando contemplamos obras recientes del arte contemporáneo donde el espíritu subyacente ha sido eliminado.

El Bautismo de Cristo. Sergio Ferro, Brasil

Christine Sourgins escribe que “lo visible se convierte en digno de Dios porque Dios lo ha hecho visible; esta podría ser la base del arte Cristiano”. De acuerdo con Sourgins, el pintor figurativo necesita fe y conocimiento de la verdad para ejecutar su arte. En una de las exposiciones más relevantes celebradas en los últimos años centrada principalmente en temas de arte Cristiano (Galería Nacional de Victoria, Australia, 1998), se expuso una obra que mostraba a unamujer como un Cristo crucificado. Como sugiere Sourgins, tales imágenes blasfemas no pueden orientar a los fieles hacia la oración, devoción o un sentido auténtico de Cristiandad en línea con las enseñanzas de la Iglesia. Muchos excelentes artistas del pasado fueron grandes pecadores, pero su fe les permite que sus obras encarnen la divinidad de la Trinidad. Un artista no necesita la perfección de la santidad para ser un buen artista Cristiano, pero la fe trae consigo una transformación. Durante el siglo XIX la Cristiandad aún representaba una base social que, a pesar de sus diferencias, animaba a la sociedad en general y tenía una influencia subyacente en muchos artistas que trataban temas sagrados. Aunque no sean grandes obras de arte en un sentido espiritual, algunos artistas conservan cierta “aura” Cristiana.

Sin embargo, hay que admitir que ya no se da ese caso. Lo mejor que se puede esperar de los artistas del siglo XX es una especie de misticismo cósmico. Muchos intelectuales que se enfrentan a esta cuestión han olvidado que el artista Cristiano puede ser el instrumento de la gracia divina. Se conoce la famosa cita de Fra Angelico: “para pintar a Cristo, hay que vivir a Cristo”, o como dice el artista americano James Langley:

El último punto de referencia para el artista Cristiano no es la cultura contemporánea ni su propio ingenio, pero sí el descubrimiento de la belleza en el encuentro con Cristo. Partiendo de la experiencia del radiante Dios-hombre vestido como en la Liturgia Divina, el enfoque Católico a la realización de arte religioso se basa en la experiencia común de una tradición recibida a la que se añaden humildemente las contribuciones individuales. Para aceptar que la tradición implica un estudio y apreciación de cómo otros artistas han visto la imagen de Dios. Las formas artísticas que mantienen la originalidad y la autoexpresión como fin supremo comienzan por un entendimiento desordenado de la libertad de los hijos de los hijos de Dios. Por lo tanto corren el riesgo de producir arte, como hemos visto en las últimas décadas, que distorsiona y es literalmente irrelevante para la experiencia Cristiana.

Por supuesto también se puede argumentar que la esperanza y la fe pueden encontrar cabida incluso en el arte contemporáneo. Podríamos continuar diciendo que ahora vivimos en tiempos en los que un enfoque Cristiano directo es inviable y que el mensaje Cristiano sólo puedo ser percibido a través del absurdo y la desesperanza del arte contemporáneo. Y aunque de hecho sea difícil ser Cristiano hoy, los últimos dos mil años han visto muchos periodos de persecuciones directas o indirectas; no hay que perder coraje para levantarse y proclamar la fe. El arte contemporáneo tipifica una contracultura anti-Cristiana en la cual podemos contemplar a Cristo Crucificado pero no Su Resurrección. Cristo dijo “quien no esté conmigo está contra mí” (Lucas 11, 23). Un compromiso entre Cristianismo y contemporaneidad llevará inevitablemente conducirá a pinturas como la de la exposición australiana que hemos mencionado, donde la imagen de la Trinidad queda oculta por el absurdo, la tragedia y el nihilismo. Entonces, ¿es posible ver el arte contemporáneo como un posible lugar donde encontrar formas que sirvan al mensaje de Cristo? Anthony Visco escribió: “¿Contemplaríamos la posibilidad de ver sacerdotes satánicos como consultores litúrgicos para los ritos y rituales de la Iglesia? ¿Y a ateos como para consejeros de oración en los ejercicios espirituales de San Ignacio? ¿Por qué entonces confiamos en un arte contemporáneo, que ha apostado decididamente por no servir a la Iglesia, y seguimos preguntándonos como puede encajar en la misma?” Algunos Católicos se consideran “valientes” cuando inician un diálogo con el arte contemporáneo, pero por muy buenas que sean sus intenciones, sus esfuerzos nunca darán frutos reales, pues las raíces están podridas hasta la médula. Además alegan que el arte contemporáneo fomentará una nueva búsqueda espiritual y por tanto una comprensión más profunda de la verdad. Para ellos, las personas deberían ser atrevidas e intentar entender lo que es nuevo y poco convencional. Los intelectuales pueden pasarse días enteros discutiendo esto, pero ¿tendrían sus argumentos sentido común para los fieles ordinarios? Entonces algunos Católicos continuarían el debate diciendo que hubo artistas como Giotto que fueron revolucionarios en su día, y ¿por qué no debería ser aceptado el arte contemporáneo en la Iglesia? Obviamente esto es un punto que, por todos los motivos indicados en este artículo, no requiere respuesta.

Verbum caro factum est. Ugo Riva, Italia


La Iglesia Católica y Universal anhela un renacimiento, que no debe confundirse con una simple renovación. Algunos podrán decir que cuestionar el arte contemporáneo y buscar una alternativa nos llevaría a algún tipo de propaganda neofascista triunfal. Esto es tomar una postura fácil y cómoda y no enfrentarse a la realidad del mensaje de Cristo de salir y convertir al mundo. La Iglesia se ha enfrentado a dificultades antes, y encontrará un nuevo camino donde el arte Cristiano volverá a servir de nuevo a la palabra de Jesús de un modo pedagógico, inteligible y eficaz: una manifestación de esperanza y promesa, como se describe en la reciente encíclica Spes Salvi de Benedicto XVI. Tendremos que distinguir entre arte religioso, sagrado y litúrgico, pero no debemos tener miedo a reconocer las formas artísticas que mejor expresen los diversos mensajes de Cristo, así como las necesidades devocionales de los fieles en las diversas culturas y regiones del mundo. Una obra de arte en España obviamente no cumple los requisitos para una persona en Armenia, pero su espíritu subyacente debe ser el mismo. El Santo Padre, el Papa Benedicto XVI, en una carta del 25 de noviembre de 2008 para el arzobispo Gianfranco Ravasi, presidente del Consejo Pontificio para la Cultura y las Comisiones Pontificias para los Bienes Culturales de la Iglesia y Arqueología Sacra, expresó la necesidad de relanzar un diálogo entre estética y ética, entre belleza, verdad y bondad. De hecho, se está preparando un pabellón del Vaticano para la Bienal de Venecia 2011, un importante festival internacional de arte contemporáneo.

En el centro de todo esto encontramos una necesidad de volver a la Eucaristía, fuente de la expresión artística. En palabras de Anthony Visco, “La realidad de la Eucaristía debe ser reafirmada en nuestro mundo. Con Cristo, la Eucaristía sigue siendo “un escándalo, algo que superar.” Sin esto, todo el arte se convierte en un mero adorno u ornamento del ego.” Con el fin de ser misionera, la Iglesia necesita volver a encarnarse en el arte el misterio de Cristo de una manera clara y exponerlo valientemente a un mundo que ha apostatado. Aunque el arte sagrado no puede darnos la salvación, ni contener la realidad del sacerdocio o de la Misa, se puede mostrarnos el camino hacia ellos. Debe rendir un servicio a la fe, a la comprensión de Dios, que ha hablado al hombre a través de las Sagradas Escrituras. La diferencia semántica entre “renacimiento” y “renovación” debe ser abordada con urgencia. Estamos empezando a ver un renacimiento, ya que algunos obispos han comprendido este problema y han tenido el valor de recurrir a arquitectos y artistas dignos de su nombre. También podría deducirse un estímulo adicional del hecho de que este año la famosa venta de arte contemporáneo de otoño en Nueva York fue un fracaso financiero; esto podría inducir a los coleccionistas a volver a evaluar lo que es el arte verdadero en su conjunto y la transferir del centro de atención de esta ciudad estadounidense, donde durante las últimas décadas el dinero y las ideologías actuales han sido el único criterio. El trabajo de algunos artistas nuevos y prometedores se ha ilustrado aquí, para mostrar que el arte verdadero está empezando a salir de las cenizas. Ha comenzado una verdadera búsqueda.

Oriundo de Dinamarca, Steen Heidemann se educó en Inglaterra, graduándose en Arte y Arquitectura en Oxford y un master de gestión en Reading. Converso al catolicismo, más tarde se casó con una mujer francesa. En la actualidad organiza exposiciones internacionales de arte.

2 sept. 2010

Tierra Santa - La Tentación

No he de vender, nunca la sangre ni la fe pues mi poder,
es más fuerte que su ser



Sí, ya sé que el vídeo puede parecer un poco exagerado, pero echando un vistazo a los otros con la misma canción, creo que éste va un poquito más acorde con el tema: La Tentación.