9 sept. 2013

DUALIDADES CONFUSAS (por Aryan)

Espíritu y Alma: muy frecuentemente usados como sinónimos y sin embargo tan diferentes como el aire y el agua, el pensamiento y la emoción. El Espíritu es blanco o violeta y su canalizador físico es la epífisis, el Alma es azul y su canalizador es la hipófisis. La parte frontal del cráneo, en especial los ojos, reflejan el Alma, mientras la parte posterior, en especial el occipital, refleja el Espíritu.
Fariseos y Saduceos:
idéntico al caso anterior, pues en origen el fariseísmo (del cual se deriva el Talmud y lo que conocemos hoy en día como "judaísmo", que tiene poco o nada que ver con el judaísmo bíblico) es muy distinto y habitualmente opuesto al saduceísmo (el deicidio fue uno de los pocos casos en las que coincidieron sus voluntades). Los saduceos eran pocos en número y apoyo popular, pero bien situados por herencia y presencia en el Sanedrín: su doctrina era tremendamente rígida con respecto a la Ley (hasta el punto de que solo los libros mosaicos eran considerados sagrados), pero profesaban una religiosidad sin espiritualidad, de forma que creían en Dios pero no en los ángeles o en las almas. En cambio los fariseos eran numerosos y apoyados por el pueblo, pero de clase social media o baja, por lo cual su presencia directa en las instituciones era escasa, no así su influencia: su doctrina equiparaba la Ley con las reflexiones de los rabinos (en el "judaísmo" el Talmud tiene un peso superior a la Torá por la aplicación de este principio), negando tácitamente a la Divinidad, aunque a diferencia de los saduceos sí creían en la espiritualidad del ritual. En un contexto cristiano los desequilibrios fariseos toman la forma de un "cristianismo" social, con poco interés en Dios y mucho en una espiritualidad difusa y comunal, mientras que el saduceísmo (que no tuvo heredero directo ya que tras la destrucción del Templo las élites judías desaparecieron) toma la forma del fundamentalismo "de fuego y azufre", que tiene una visión exageradamente rígida de Dios pero que tácitamente niega toda espiritualidad y trascendencia real en el rito. 
Helel y Mefisto: junto a Micael, conforman la tríada de príncipes angelicales, aunque solo este último se mantuvo fiel a Dios. Helel, o Eósforos, es el Príncipe de la Luz, y su Caída se debió a que el amor por su propia luz superó al amor por la Luz de Dios, y por tanto trató de equipararse a Él escalando el Monte del Testimonio. Se manifestó a los hombres como Nahash, el encantador sibilino que les hizo tomar la manzana envenenada, para que la agridulce mezcla del Conocimiento y la Muerte causara a los hombres una permanente insatisfacción que los llevara a su égida. Mefisto, o Héspero, es el Príncipe de la Oscuridad, y su Caída se debió a que dejó de amar la Luz de Dios de la cual había sido creado, y por tanto se exilió voluntariamente al Abismo y en esas cavernas hizo un pacto con la Mácula, para dar al Mal el mínimo orden necesario para introducirse en la Creación y contaminar el mundo originalmente inmaculado. Por este crimen fue atado con cadenas en su prisión de oscuridad. Nótese que los Grigori del Libro de Henoch muestran una clara afinidad con Mefisto al descender voluntariamente para fornicar (crear materia) con las hijas de los hombres.
Caídos y Demonios: frecuentemente asimilados, pero un Caído (Nefilim) es esencialmente un ángel por cuyo pecado se ha visto privado de Gracia, mientras que un Demonio (Jinn) es una criatura completamente distinta en origen y actuación: los Caídos son aún hijos de Dios, aunque rebeldes, por lo cual el Mal que provocan no es irracional, en el sentido de que no lo consideran un fin en sí mismo sino un medio para sus fines, mientras que para los Demonios, que son criaturas de la Mácula el Mal es un fin per se al cual sirven con todos los medios que pueden.
Eva y Lilith: dos féminas muy diferentes en todo sentido. Eva es una auténtica mujer y esposa de Adán, mientras que Lilith, como su etimología indica, tiene algo siniestro, de Noche Primordial, lo cual se evidencia por la inarmonía de su relación con Adán y su carácter de ramera feminista y "madre" (canalizadora hacia la ordenación en seres) de los Demonios.
Trono y Sombra: arquetipos palatinos que encierran una doble manifestación cada uno. El Trono es el poder jerárquico, visible y expansivo, que puede ser iluminador o abrasador tal como lo es el fuego. La Sombra es el poder empático, sutil y retractivo, que puede ser sanador o gangrenador como lo es el agua (hielo). Dependiendo de las circunstancias y de las personas que los detenten, ambos poderes pueden complementarse u oponerse.
Rey y Príncipe: tremendamente confundidos y deformados por causa de la violación de la Armonía de Castas y la Teocracia Primordial. El Rey es el soberano absoluto, potestad que en esencia solo corresponde a Dios y no a ninguna criatura por excelsa que sea. Príncipe es el primero entre los suyos, primus inter pares que gobierna y representa a su pueblo como autoridad legítima. Por tanto, cuando una criatura se autoproclama Rey, o es inconsciente de su realidad de Príncipe o es deliberadamente rebelde contra Dios y por tanto ilegítima y falsa como autoridad.
Sol y Luna: desde una perspectiva geocéntrica (recientemente revalidada por dos científicos  cristianos españoles), ambos astros tienen el mismo tamaño: lo que los diferencia es que, según Henoch, el Sol brilla siete veces más que la Luna. Esto desde una perspectiva esotérica tiene mucha importancia, ya que es una excelente metáfora de como un espejismo puede eclipsar la realidad y conducir a un desequilibrio en nuestra concepción: ya ocurrió en el Edén, cuando el Árbol del Conocimiento fue hechizado por Nahash para hacerlo más atractivo que el de la Vida a los ojos de Eva: pero igual que el Sol, si bien permite mayor visión también deslumbra y agosta en su incidencia, además de velar el Cielo para su contemplación, así la Luna, si bien no ilumina más de una séptima parte (y eso solo en su plenitud, equivalente al mediodía solar), no hiere los ojos ni el cuerpo y permite observar el Cielo más allá del manto de los aires.
Vida y Existencia: aunque popularmente ignota, esta es una cuestión tratada con acierto por algunos filósofos como Schopenhauer. Lo cierto es que lo que habitualmente llamamos "vida" es en realidad tan solo Existencia, la cual no es algo bueno per se, puede ser una bendición o una maldición tanto para uno como para otros dependiendo del individuo y las circunstancias. Los sabios iluminados que escribieron la Biblia lo sabían bien, y por esto dejaron testimonio de que la criatura, dejada a su naturaleza, está esencialmente MUERTA: esto no es una metáfora o un recurso retórico, sino una realidad literal que señala como la necedad hace llamar "vida" a la mera Existencia, y sobrevalorarla como consecuencia de ese error. La verdadera Vida es la Existencia sublimada y trascendida por la Gracia y la Gnosis de Cristo, que tras la "muerte" física (que en los profanos solo equivale a transformar un zombie en un simple cadáver), es purificada con Sal y así unida al Reino, donde el Mal, el Sufrimiento y el Pecado serán solo un lejano recuerdo. En cambio los pecadores deben ser purificados por Fuego en la Edad de Condenación (traducción precisa en lugar de la habitual "eternidad") antes de que pueda otorgárseles la Misericordia de Muerte, no solo para mostrar que la Justicia de Dios es templada con Su Misericordia, sino para completar la Beatitud de los salvos que ya no habrán de contemplar impotentes la agonía de sus seres queridos pecadores.
Disciplina y Perversión: por culpa de la histórica infiltración saducea en la Cristiandad, hay una notable tendencia a manipular el verdadero sentido de la Disciplina, para enmascarar lo que en realidad es Perversión, que puede llegar a extremos tan abominables que mejor harían en atarse a una roca y arrojarse al mar como dijo Jesucristo: Michael Pearl es un buen ejemplo del tipo de "cristianos" a los que Jesús dió este consejo. Un 78% de  los sadomasoquistas han confesado haber sufrido castigos corporales frecuentes en su infancia y adolescencia, lo cual prueba el carácter inmoral de los mismos, lo cual es especialmente cierto en el caso de los azotes ya que las nalgas son zonas relacionadas con la integridad sexual de la persona. Ahora se me responderá con la serie de famosas citas en las que habla de las bondades de la "vara", ignorando las advertencias que Dios hace de mejor les sería no haber nacido a aquellos que perturban a los pequeños, no provocar a los hijos a la ira (esto es: al pecado) o la reprensión a los Apóstoles por regañar a los niños, pues de ellos es el Reino de los Cielos y el que no vuelva a ser tan inocente como un niño no entrará allí. Ante esto tenemos dos opciones: o nos adherimos a la hipocresía saducea más descarada, demostrando de quién somos Hijos en realidad ("porque hacéis la voluntad de vuestro padre el Diablo, quién fue homicida desde el principio"), o interpretamos correctamente con la ayuda del Espíritu Santo, teniendo en cuenta que la respuesta está en ser lo suficientemente sutil para hallar una conclusión que armonice todas las partes de la Escritura: mi deducción, y creo que la única viable, es que la "vara" es una metáfora que Dios empleó para que los hombres degenerados (recordemos que los hebreos acababan de salir de la esclavitud de Egipto, donde las varas y látigos estaban a la orden del día) comprendieran lo que de otra manera solo los más sutiles y sabios hubieran podido entender: la necesidad de una autoridad legítima firme y justa. Esto no quiere decir que esté justificado que el estado meta las narices en la familia porque en un momento de ira un padre dé un bofetón a su hijo: esto no es grave, y errar forma parte de la naturaleza humana caída. Donde sí que hay pecado y anatema es en el caso de palizas premeditadas y sistemáticas, así como en el caso en que los hijos levantan la mano a unos padres piadosos: al igual que Jesús advirtió a los padres sobre lo diabólico de abusar de su autoridad, los Mandamientos advierten a los hijos de respetar a sus padres y dan a estos la potestad de ejecutar a un hijo rebelde y malvado por lapidación (versión antigua del fusilamiento), una vez el caso haya sido presentado y juzgado por un consejo de sabios cristianos (para prevenir las falsas acusaciones de padres inmorales, que también los hay). Por esto, hermanos, oremos para que Cristo dé Armonía a las familias de Su Rebaño y que el discernimiento y la Gnosis disipen las confusiones que tanto sufrimiento y pecado han causado.
Guiados seamos por Elyon,
Aryan

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