10 jul. 2014

CLAVES DE LA ACONFESIONALIDAD, por Aryan

Hace tiempo que muchos de quienes he tratado se han mostrado desorientados y confusos ante mi pensamiento crístico, pues eran incapaces de ubicarme en un modelo concentro, dada mi aconfesionalidad. En este hilo explicaré por qué sostengo esta postura, y lo haré analizando las incoherencias confesionales respecto a la fe crística. Como pretendo escribir un artículo y no un libro, omitiré ciertas particularidades minoritarias de las que aclaro soy consciente, y me centraré en las cuatro confesiones mayoritarias del exoterismo (catolicismo, ortodoxia, anglicanismo y protestantismo) así como en la confesión hegemónica del esoterismo (neognosticismo), profesadas por quienes en Occidente se consideran cristianos (aclaro que mis críticas se refieren en todo caso a las instituciones, pues dado mi individualismo me opongo a que paguen justos por pecadores cuando bien pueda haber buena gente engañada en las redes del confesionalismo y que sean inconscientemente verocristianos a pesar de su confesionalidad):


CATOLICISMO: esta es la más antigua de las confesiones exotéricas, situándose su origen en el Concilio de Nicea del AD 325, aunque no sería hasta la caída de Roma más de un siglo después cuando el Papa asumiría el título pagano de Pontifex Maximus. Aunque los católicos creen que su "iglesia" (término que en la Biblia nombra un acto, la asamblea de cristianos, no a un templo o a una burocracia mundanos) la fundó el mismísimo apóstol Pedro, no existe evidencia bíblica ni profana que acredite tal cosa, aunque eventualmente si existió un obispado de Roma este no se corresponde con la institución del papado, que es fruto del pacto constantiniano y responde a los intereses políticos del emperador de pacificar el imperio romano a través de la unidad religiosa, para lo cual era necesario inventar el mito de la infalibilidad papal. Lo cierto es que el resto de confesiones exotéricas son en cierto modo hijos renegados del catolicismo, pues conservan la esencia que llevó a sujetos como Agustín de Hipona (muy estimado por todas las confesiones exotéricas), un trepa profesional cuya "lucha contra la herejía" escondía un mezquino rencor personal contra sus antiguos amigos maniqueos, debido a su incapacidad para espiritualizarse (lo que recuerda a como Freud, acomplejado por su fracaso en la hipnosis se dedicó a idear una tesis basada en la carnalidad sensual). Este hombre es un excelente ejemplo de la calaña de la mayoría de los que pactaron con Constantino (recordemos que de las setenta y dos potestades angélicas, Samael/Satán es el señor de Edom/Roma), pues ningún verocristiano se atrevería a falsificar un texto bíblico (aunque la misma definición del canon es per se arbitraria, excluyéndose textos muy válidos y citados laudatoriamente por el mismo Jesús como el apócrifo de Enoc), me refiero en concreto a la Epístola a los Romanos, donde Agustín sustituye potestades espirituales por autoridades humanas y añade un apéndice totalmente de su invención acerca de pagar impuestos, demostrando un descaro impío y el criptosatanismo de quién por intereses políticos mundanos (el sometimiento de los creyentes) está dispuesto a ignorar la advertencia que el apóstol Juan da en el Apocalipsis a cualquiera que manipule la Verdad Revelada. Ciertamente, habría que preguntarse, a juzgar por el trato dispensado a Prisciliano de Ávila (el primer "hereje" asesinado por esa institución demoníaca que es la inquisición, quién fue acusado falsamente de brujería para que el emperador y el papado pudieran expropiar todos sus bienes, a pesar de que incluso con las leyes inquisitoriales (un refrito de las leyes paganas del imperio con una carcasa pseudobíblica) solo habría sido legal acusarlo de herejía. A pesar de ello, tras obtener una "confesión" bajo tortura Prisciliano fue confiscado y sus fieles saqueados, aunque el papado decidió plagiar el sistema cenobita ideado por Prisciliano para sus monasterios: sí, el monacato "católico" fue plagiado al primer "hereje", con un descaro hipócrita digno de idumeos farisaicos, por algo estos comparten con los romanos el patronazgo de Samael), si personas con esta falta de escrúpulos y honestidad son fiables en el testimonio que dan acerca de las "herejías" de sus enemigos políticos. Cristo rechazó las tentaciones liberticidas del pan, la sangre y el poder conque Helel, Sorat y Samael (la Tríada como oposición a la Trinidad de Dios) lo tentaron, y tres siglos después aquellos que decían ser sus únicos y legítimos herederos aceptaron gustosos aquello que Él despreció (Dostoievski retrata excelentemente la esencia anticrística de esta gente en El Gran Inquisidor). Y es que cualquiera puede decir que habla en Nombre de Dios, pero si se atisba al Mal a través de su bella máscara, entonces solo miente con perfidia, ya sea a otros o a sí mismo: ciertamente, es una blasfemia invocar al Mal prostituyendo el Nombre de Dios, pues sirve a la última ambición de los demonios: usurpar a Dios.

ORTODOXIA: este es el primer gran cisma después de que los católicos se impusieran a sangre y fuego sobre sus hermanos, y si revisamos sus circunstancias vemos que fue en esencia una pugna política y de carnal orgullo entre el papado latino y los patriarcas griegos, encabezados por el patriarcado de Constantinopla. Ciertamente, si yo fuera un profano y un necio, podría pensar el abrazar esta confesión por motivos utilitaristas, ya que es la única que no se ha visto infectada de marxismo cultural (debido a que este es un agente diseñado para envenenar al Occidente capitalista, y dado que los europeos orientales ya estaban bajo el yugo del comunismo no era necesario emplear métodos indirectos de revolución), pero como no soy de los que piensan en la religión como un instrumento al servicio de la sociedad sino como un instrumento al servicio de la Verdad espiritual, la mayor degeneración moral de otras confesiones es irrelevante en este sentido, pues yo soy un buscador de la Verdad, nací para ello y moriré por ello si fuera necesario. Teológicamente sus diferencias con el catolicismo son mínimas, mantiene la estructura piramidal y el sincretismo con las supersticiones locales, aunque al reconocer la primacía patriarcal según el modelo de "primus inter pares" es algo menos centralizada que el catolicismo. Aunque actualmente esta confesión no tiene mucha influencia en Occidente, el auge de la inmigración masiva y el poderío geopolítico de la Rusia post-bolchevique hacen necesario poseer un cierto conocimiento sobre la misma. Sirva como ejemplo de que la degeneración puede ir por muchos caminos el que aunque Putin ha promocionado la ortodoxia como refuerzo para su modelo de nacionalismo eslavo, los eclesiásticos han debido aceptar que se persiga a sus hermanos de otras confesiones, incluyendo la destrucción de templos católicos y protestantes, debido a que estos no son útiles a los intereses carnales del Kremlin.

ANGLICANISMO: este es frecuentemente confundido con el protestantismo debido a la propaganda católica que impregna históricamente la cultura hispanohablante, lo cierto es que su origen es completamente diferente, basándose no en la revuelta de Lutero sino en la vanidad y la lujuria del monarca inglés Enrique VIII, que rompió con el papado debido a la negativa de este a hacer la vista gorda con sus felonías. De hecho los protestantes despreciaban a los anglicanos, a los que apodaban "apist" (juego de palabras intraducible entre "ape" y "papist", debido a que los consideraban una mala copia del catolicismo), lo cual no está muy desencaminado si tenemos en cuenta que es básicamente el mismo centralismo piramidal, solo que con la corona inglesa en lugar del papado, y el arzobispo de Canterbury como valido en asuntos eclesiásticos. Ciertamente, este es el cisma más absurdo cuya fundación y sostenimiento se basan enteramente en el nacionalismo británico y la rivalidad histórica que Inglaterra tuvo con España cuando esta era una potencia católica: de nuevo vemos como estos burócratas y falsos clérigos anteponen el interés político al espiritual, demostrando que son neofariseos, no cristianos.

PROTESTANTISMO: aunque debido a su naturaleza descentralizada (basada en la libre-interpretación de la Biblia, único punto en el que estoy de acuerdo con ellos pues lo considero genuinamente verocristiano, razón de que muchos necios me hayan acusado capciosamente de "protestante") esta confesión presenta numerosas variantes con teologías muy divergentes, en esencia comparten el canon establecido por Lutero y que suscribe entre otras la falsificación de Agustín. Personalmente, esta confesión me recuerda al islam, siendo la división entre suníes y chiíes semejante en naturaleza a la de calvinistas y luteranos respectivamente: mientras que tanto suníes como calvinistas son legalistas (su obsesión con la Ley recuerda mucho al auge rabínico fruto del exilio babilónico, y los aleja de facto de la Encarnación hacia la Inlibración) y fatalistas (la Salvación es predestinada de manera absoluta, actuando Dios con una arbitrariedad atroz justificada en Su Omnipotencia, que parece hacer olvidar a estas gentes Su Santidad, que es la quintaesencia Divina que el Mal jamás hubiera podido usurpar aún si hubiera vencido a Dios), además de renegar e incluso criminalizar el monacato, pues rechazan la ascesis y santifican la riqueza mundana (lo que no deja de ser un reflejo invertido de la santificación de la pobreza del catolicismo), los chiíes y luteranos se fueron estatalizando con el tiempo, dando lugar a una cierta jerarquía piramidal semejante a aquella contra la que se había rebelado en sus orígenes.

NEOGNOSTICISMO: lo llamo así porque realmente solo tenemos indicios para saber cómo eran los gnósticos históricos, y debido a la descentralización paleocristiana y a la naturaleza individualista de la Gnosis no me parecen muy fiables las descripciones legadas por sus enemigos, que como hemos visto no eran precisamente meticulosos con la Verdad. No obstante, desde la ariomanía decimonónica (con epicentro en Alemania) hasta la nueva era actual, la India ha colonizado esotéricamente Occidente, lenta pero incansablemente, aprovechando nuestra decadencia (traída por el materialismo ateo y el anticristianismo) para vengarse de la colonización exotérica que sufrieron a manos de los británicos (que a sus ojos representan simbólicamente al Oeste como Civilización), lo cual demuestra el patético triunfo que es poseer el cuerpo sin poseer el alma. Los hindúes, con una herencia naásica antiquísima, han ocupado hoy el lugar que ocupó Egipto en la Antigüedad: tal vez no fuera una potencia física, pero sí era estimado como autoridad espiritual, y ciertamente hay un paralelismo entre como los sabios helenos se consideraban alumnos del Nilo (el egipcio era en ese entonces estimado como lengua sacra en toda la cuenca mediterránea, y los misterios de los faraones codiciados por las almas inquietas) y los gurús modernos se consideran alumnos del Indo (véase como mientras a ojos populares los cristianos son un hatajo de brutos fanáticos, los budistas son tenidos como modelo de sabiduría y piedad, a pesar de que las guerras de religión y la quema de libros no es ajena al Oriente). Así como muchos filósofos griegos fueron a Egipto a iniciarse y al regresar trajeron ideas como la metempsicosis (realmente producto de la mala comprensión griega de los mitos egipcios), muchos ariomaniacos y newagers van a la India (aunque sea virtualmente) y traen de allí ideas como la reencarnación (una deformación de la doctrina védica). Y entre estos gurús, verdaderos nativos colaboracionistas con la colonización esotérica hindú, hay no pocos que se proclaman cristianos y gnósticos, aunque realmente utilicen el Nombre de Cristo para invocar a Helel, de la misma manera que las confesiones exotéricas blasfeman para invocar a Samael. Diré que es muy adecuado hablar por tanto de una confesión neognóstica de inspiración naásica, que copa o infiltra casi la totalidad del esoterismo, siendo la genuina Gnosis crística muy difícil de hallar en el laberinto tejido por el Mal.

En conclusión, podemos decir que no hay nada de lo que sorprenderse, pues ya profetiza la Biblia que "muchos son llamados, pero pocos los escogidos", y es que es muy fácil olvidar la condena que Jesús hace del legalismo/confesionalismo/burocracia en parábolas como el buen samaritano (considerado un "hereje" por la burocracia eclesiástica del momento) o el Sermón del Monte, que está dirigido contra los burócratas. Cuando una iglesia (esto es, una congregación de creyentes) llega al punto en que sus miembros hacen de policía sobre sus hermanos, ha dejado de ser una iglesia cristiana para convertirse en un negocio de la Tríada. La burocracia es per se señal de la ausencia de verocristianismo, pues quienes proliferan son los que gustan de utilizar las leyes como excusa para ejercer su maldad, por eso aman las burocracias, pues  su lema es "solo cumplo órdenes" o "la ley es la ley". La gente decente rompe las leyes si es preciso, porque son gente decente que realmente quiere el Bien, verdaderas ovejas del rebaño de Cristo. Los cabritos atesoran las leyes, pues su verdadera intención es ser malvados, las leyes son solo su manera de evitar la responsabilidad personal de su inmoralidad, por eso se justifican en "seguir las leyes" cuando en realidad solo son cabritos insensibles al sufrimiento ajeno. Así crean una falsa conciencia en, que les permite pensar en sí mismos como buenas personas, aunque en realidad sean unos monstruos insensibles y malvados (cualquier inquisidor, abortista o policía político es un ejemplo viviente de esta Verdad). Esta es la esencia eterna de la crítica de Cristo hacia los fariseos y similares: una máscara blasfema de la fe verdadera, llena de monstruos que siguen perversiones legalistas. A ellos los describe la Biblia en Mateo 23:27

Guiado seamos por Elohim,

Aryan

4 comentarios:

Pedro Agudo dijo...

Hola Aryan.

Hay que tener en cuenta que en general las religiones están dirigidas en mayoría a la -comunidad de creyentes- y esta comunidad la componen los hombres y mujeres del pueblo y el tejido social de cada país o nación. Los pilares de la Iglesia están basados en preceptos divinos inviolables al margen de fórmulas e instituciones complicadas, incluso las obras más deslumbrantes del Catolicismo (profecías, milagros etc.) lo mismo que sus distinciones minuciosas de lo permitido y lo prohibido están dirigidos a la comprensión sencilla de los mandamientos fundamentales del amor y la misericordia (naturalmente no me estoy refiriendo a las obras de filosofía cristiana de Santo Tomás, San Alberto etc. que no están dirigidas a la gente sencilla de la comunidad de creyentes, sino a eruditos y teólogos experimentados). Todos necesitamos por igual "grandes e más chicos" del amor y la gracia divina, y la Fe tiene sus gradaciones, que en relación de esta gradación buscas según tu crecimiento interno la convivencia de tu propia yoidad con la trascendencia.
Referente al Catolicismo, y sus derivaciones; ortodoxia, anglicanismo y protestantismo etc. tienen un origen común que según una tradición muy antigua y de ella hacen mención muchos filósofos y teólogos antiguos y modernos, de que, el Catolicismo es la adaptación de una secta que se fundo con el nombre original -Ecclesia- "asamblea" en tiempos de Augusto y que ha ido mimetizándose en los tiempos hasta nuestros días, el sueño de Augusto era el de formar una religión para el Imperio y que fuese inmune al paso del tiempo. Durante su reinado importó de todo el mundo conocido los textos, cultos, creencias, iniciaciones y Misterios, junto con los Sacerdotes e Hierofantes de todos los templos y grutas donde se realizaban los Misterios de Iniciación de la antiguedad, con todo ese saber fundo una secta que llamó -Ecclesia-, y para algunos está tan viva como el primer día de su formación. Augusto era un hombre equilibrado y sabía lo que tenía entre manos. No fue así con los Césares que le sucedieron, todos cayeron en el error de iniciarse en los Misterios más complicados y difíciles sin ser ellos Iniciados en esos Misterios presionando bajo el terror a Hierofantes y Sacerdotes para desvelar secretos e iniciaciones que los llevaron a la depravación y la locura que todos conocemos referente a los periodos históricos de estos Césares que acabaron locos y poseídos, fue a partir de ese momento cuando el Imperio empezó su decadencia. Esta secta dentro de la Iglesia ha sabido adaptarse al paso del tiempo. Con certeza no rinden culto a Cristo, aunque dentro de la Iglesia hay y ha habido auténticos santos y cristianos ejemplares, que son los que de alguna manera salvarán a la comunidad de creyentes.
Saludos

Pedro Agudo dijo...

Hola Aryan.

Yo también soy muy independiente, soy bastante crítico con la Iglesia, pero también soy íntimo de Chateaubriand, puedo acudir a una Misa Tridentina y admirar lleno de recogimiento y fe cristiana esta Eucaristía tan bella, en otro momento puedo entrar en un templo y salir corriendo al contemplar los oficios de un patán barrigudo posconciliar que no se ha peinado ese día y no se le entiende nada de lo que dice. Como verás yo también estoy más o menos en esa línea, lo que nunca llegaré es hacer apología del humanismo secular a través de Karlheinz Deschner y su Historia Criminal del Cristianismo.
El sentirse aconfesional, si de verdad eres honesto, te da la libertad, de ír avanzando y creciendo en espiritualidad. Para mí Tomás de Aquino ha sido el mayor pensador que ha pisado este mundo, de hecho humanistas seculares quedan maravillados por su poderoso intelecto y el aporte que ofrece a la filosofía, siendo católico, cristianizó las obras del pagano Aristóteles, nunca ha estado más cerca la Fe Y la Razón que con Tomás de Aquino, si este gran hombre no hubiese muerto a los 50 años y de haber llegado a ser longevo su filosofía sería el mayor delEite que se pueda leer y meditar, aquello que él mismo decía de los dos impulsos simultáneos de la realidad física (lo que es) y la potencialidad (lo que se va a llegar a ser) se paró con su muerte. Con Tomás de Aquino existe una sola verdad en filosofía y teología que no están en oposición, discurren por surcos paralelos, hay conceptos que son evidentes, y otros requieren un acto de fe.
Saludos

Aryan dijo...

Hola Pedro.

Desde el momento en que la religión se dirige a las masas deja de ser una búsqueda de la Verdad para convertirse en un instrumento de control social, lo que me parece repugnante, por no decir blasfemo: no hay diferencia entre la superstición pasada y el materialismo presente, ambos evidencian la falsa fe del oclos, que por su esencia bestial es incapaz de genuina espiritualidad. El paleocristianismo, aunque aboliera las restricciones de sangre para la conversión, muestra un elitismo sutil en el dictum evangélico “muchos son llamados, más pocos son elegidos”: ya se predique la Verdad a toda criatura, solo aquellos aptos para aprehenderla se convertirán. Los místicos paganos asesinaban a todo aquel que revelase secretos, sin comprender que aunque los misterios se predicasen libremente solo los adeptos potenciales mostrarían un interés honesto (tal como en la actualidad la alfabetización del oclos no cambia su analfabetismo funcional innato): como dice la Biblia “pretendiendo ser sabios se hicieron necios”. Dado que el cristianismo es la compleción de la restauración espiritual de la que los hebreos eran custodios desde Abraham, el sacerdocio universal del creyente no es sino la culminación del plan Divino “yo quiero un pueblo de sacerdotes” (lógico, pues las otras castas, incluso la nobleza son propias de la naturaleza caída, sin la cualidad atemporal del asceta): a partir de Cristo el Mal no tiene autoridad espiritual sobre los cristianos (y tras del Fin tampoco poder temporal como ahora), y dado que Cristo ha oficiado el acto sacrificial definitivo, el sacerdocio levítico carece de sentido. No obstante, esto no implica que todo el mundo que oiga el Evangelio tenga la aptitud necesaria para convertirse, de hecho los genuinos cristianos fueron, son y serán una honrosa minoría hasta el Fin. Puesto que la casta es la raza del tiempo, la purificación evangélica consiste en restaurar la naturaleza sacerdotal del Edén, una Gracia que solo quienes conserven algo de la semilla original pueden recibir.
No niego lo de los césares y su secta pero mi intención es iluminar lo que la Iglesia de Cristo significa en origen: aunque el Evangelio se copiló en griego Cristo hablaba arameo y hebreo, por eso los evangelistas utilizaron la voz “Ecclesia”, ya popular entonces por las razones que expones para nombrar otro concepto totalmente distinto que solo los genuinos cristianos podrían entender: un lenguaje clave es totalmente lógico en una minoría perseguida. Si Augusto pensó lo que dices fue un necio, pues ignoró que desde tiempos antediluvianos ningún imperio ha superado las 10 generaciones, cada una peor que la anterior. Los demás césares son, en tu interpretación, un testimonio de las consecuencias de la rebelión de los chatrias: los nobles corruptos son tan necios que no entienden que por muchos sacerdotes que asesinen, torturen y ultrajen vilmente, no pueden arrebatarles la autoridad espiritual pues esta no puede ser cedida: la única forma de adquirir autoridad espiritual para un noble es renunciar a su nobleza y transmutarse en sacerdote por la ascesis. De lo contrario, en lugar de elevarse lo que logran es perder las virtudes de su casta, cambiando el honor y el coraje por la depravación y la locura, llevando a la ruina aquello que debían proteger, en traición al deber de su casta: ya que no quisieron someterse ante la sabiduría sacerdotal, Dios los entregó a la esclavitud de los demonios que los poseyeron, lástima que arrastraran a tantos inocentes en su agonía carnicera. Por esto soy individualista: Dios odia que paguen justos por pecadores, ergo el colectivismo es abominación. No comparto la idea de que los genuinos santos y cristianos salvarán a la “comunidad de creyentes”: si el Sacrificio de Cristo no la salva, nada lo hará, pues Dios no hace acepción de personas, el impío morirá por su impiedad, aunque su sangre será reclamada a los falsos profetas de esa secta de titiriteros farisaicos que mencionas.
Saludos

Aryan dijo...

Hola Pedro,

Mis diferencias con el denominacionalismo son fundamentales, no formales: puedo apreciar la belleza de una Misa Tridentina o de una catedral gótica, pero siempre soy consciente de que es vanidad que jamás podrá suplir a la verdadera espiritualidad crística de Dios. Yo no hago apología del humanismo secular, quién infiera eso de mi es un necio: no obstante, es un hecho objetivo que la mayoría de “cristianos” fueron y son neofariseos, al menos de forma inconsciente. Agustín es un ejemplo, inventándose una condena al suicidio en el siglo IV a partir de una supuesta laguna legal en el Decálogo (una brujería jurídica digna de la escoria deicida), mutilando por ello la lista de los mártires, negando las exequias y la misericordia a hermanos en Cristo e iniciando una cadena de injusticias que se prolonga hasta nuestros días, solo que ahora se dice “enfermo mental” en lugar de “brujo/hereje”. Hasta anteayer era frecuente que los suicidas asesinaran solo para ser ahorcados, para que sus familias no fueran expropiadas ni ellos excomulgados: esta hipocresía es asquerosa, y quienes la han instaurado y protegido ensuciando el Nombre de Cristo habrán de pagar de su mano la sangre y el sufrimiento causados: si Nerón fue un tipo de Anticristo, Agustín lo fue de Falso Profeta. Un aconfesional solo tiene a Dios como Maestro, Padre y Salvador, ergo o es honesto o es un ateo inconsciente. Discrepo totalmente con lo de Tomás de Aquino, quién me parece un digno heredero de Agustín, inteligente y culto sin duda, pero farisaicamente maligno, deleitándose morbosamente en sus especulaciones sobre los tormentos infernales, reafirmando la falacia legalista de su predecesor y abogando por un colectivismo liberticida (la falacia del “bien común”, excusa de todos los tiranos) absolutamente repugnante y criptosatánico. Además, ideas como negar la existencia de las brujas y condenar la creencia en las mismas contradice la Biblia y evidencia un influjo samaélico-ahrimánico, que permitió que hasta siglos después la “iglesia” se centrara en los “herejes”: en asesinar vilmente a los verdaderos cristianos que tuvieron la desgracia de vivir bajo el yugo de la Nueva Babilonia y sus inquisidores neofariseos. No dudo que tanto Agustín como Aquino tengan cosas rescatables, el Diablo mezcla la Mentira con verdades para hacerla más atractiva, pero su esencia es anticrística y maligna: yo no necesito de su falsa “autoridad” carnal para conciliar fe y razón, o filosofía y teología, me basta con la Guía del Espíritu Santo y mi intuición librepensadora. Sabiendo lo que sé, incluso si hay algo de acierto y belleza en sus obras esta queda eclipsada por su enmascarada perfidia inherente, que no me inspira sino náuseas y odio santo.
Saludos