20 jun. 2010

Un alma para el espacio litúrgico (II)


EN LAS RAICES DEL MALESTAR

¿De dónde partir entonces nuevamente? Por una parte, es preciso que los edificios para el culto sean bellos; por otra, es necesario que cumplan debidamente la función para la cual se proyectan. Ambas exigencias están íntimamente vinculadas.

Consideremos ante todo las dificultades en el ámbito estético. En la sintaxis de la arquitectura moderna se ha excluido por principio la decoración, componente indispensable para proyectar las iglesias católicas (1). Éste es el motivo esencial por el cual las iglesias modernas son desnudas, casi como si fuesen sometidas a una furia iconoclasta preventiva. La concepción de Dios del arquitecto, comúnmente abstracta, se expresa con una grandilocuencia de volúmenes injustificada (2). En las paredes desnudas se ponen imagenes de las Tres Personas divinas, la Virgen y los santos desvinculadas del conjunto de la obra, que podrían sacarse o cambiar de sitio sin modificar el efecto general. Se entra en ambientes anodinos, sin saber adónde dirigirse, puesto que no hay un motivo especial para que el crucifijo o el tabernáculo se encuentren en un lugar u otro.

La liturgia católica necesita el ornamento simbólico porque las señales evocan y actualizan hechos históricos. Además, la Revelación atribuye gran valor al cuerpo y la materia. El arte moderno carece de recursos para expresar esta verdad, entre otras cosas porque se dirige a una élite de intelectuales y no a una comunidad variada de fieles comunes. Si alguien quisiera entrar en nuevos recorridos de desarrollo de la arquitectura y las artes figurativas, debería considerar el mérito de los motivos que han llevado a las vanguardias a rechazar la representación del cuerpo. Éste es el problema central, y no el de las técnicas, puesto que el programa iconográfico del espacio litúrgico se presta para complejas instalaciones, de gran actualidad. No es indispensable comenzar nuevamente a pintar las paredes al fresco (técnica por lo demás desconocida por la mayor parte de los artistas contemporáneos). Podría intentarse, por ejemplo, el uso de videos, siempre que ayude a describir en su integridad el misterio cristiano.


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(1) En realidad, el ornamento es necesario para garantizar el carácter de cualquier obra de arquitectura, si expresa simbólicamente sus funciones.
(2) Un edificio no es una escultura. El hecho de hacer irrumpir en el escenario urbano una iglesia con forma de buque o carpa no contribuye a ordenar un paisaje caótico ni a organizar el aula de culto. El templo católico es totalmente distinto al templo griego, ya que el espacio interno es más importante que el volumen externo y se estudia con sumo cuidado.

2 comentarios:

Serk dijo...

De acuerdo con que edificar iglesias como las de antes puede resultar demasiado costoso, y por lo cual se puede considerar un capricho, no obstante pienso que sí se pueden imitar.
Yo procuraré visitar sólo las antiguas iglesias.
Para el mes que viene pienso visitar el Monasterio de Montserrat, si puedo echaré algunas fotos :)

Interesante artículo, como el anterior.
El diseño y la decoración es lo que diferencia una iglesia de otra. No digo que sea indispensable pintar al fresco (por ejemplo, como indicas), pero sí ser fiel más o menos al estilo tradicional.

Saludos Pfunes! ;)

Pfunes dijo...

Serk, has captado la esencia de esta parte del artículo muy bien.

El problema de la ornamentación es que esta sea superflua y no diga nada. Hay que incidir en la diferenciación que el teórico renacentista Leon Bautista Alberti hace entre belleza y ornamento. El ornamento es superfluo a la esencia del objeto y éste puede seguir existiendo con él; no ocurre así cuando el objeto es bello, cuando todas sus partes resultan imprescindibles para su entendimiento. Las iglesias por tanto deben ser bellas y no ornamentadas. Como bien indica el Sr. Lomonte, la tradición es necesaria por su simbolismo.

El coste de edificar iglesias como las de antes no es tan elevado. La tecnología nos permite ahorrar mucho tiempo y sorprende ver el alcance de las suscripciones populares.

La Iglesia puede y debe apoyarse en las tecnologías para predicar el mensaje de Cristo, como en su día los primeros cristianos aprovecharon las calzadas romanas para llevar la Palabra de Dios a todos los rincones del imperio. El arte y la arquitectura tradicionales se han revelado excelentes para mostrar el rico simbolismo católico, y es necesario amoldar el arte y la tecnología modernos a ese rico simbolismo.

Un saludo.