25 ago. 2011

Fe y Voluntad

Un día, el único superviviente de un naufragio encontró refugio en una isla pequeña y deshabitada. Cada día oraba fervientemente a Dios para que le salvara, y cada mañana miraba hacia el horizonte con la esperanza de encontrar una pequeña ayuda que le salvara la vida. Pero no llegaba. Cansado, fue recogiendo durante días las posesiones materiales que encontraba en la orilla, construyendo un pequeño refugio donde habitar.

Días después, se adentró en el pequeño bosque con la esperanza de encontrar comida, que ya se le estaba agotando. Pero en su regreso, observaba cómo su pequeño refugio y todas sus posesiones se fundían en llamas, junto con otros árboles alrededor. El pobre hombre, que temía por su vida, entre lágrimas y enfadado proclamaba contra Dios, culpándole de su desgracia, hasta quedar profundamente dormido del cansancio.

Despertó al día siguiente viendo en el horizonte cómo un barco se acercaba a su isla. Le rescataron. Cuando perplejo preguntó cómo le habían localizado, le respondieron que fue por la señas de humo del incendio.



Es fácil enfadarse cuando las cosas van mal, pero no debemos perder la paz en el corazón, porque Dios está preparando algo bueno para nuestras vidas, aún en medio de lo que reconocemos como penas y sufrimiento.
Recuerda, la próxima vez que tu pequeña choza se queme... puede ser simplemente una señal de humo que surge de la GRACIA de DIOS.
Ya se sabe, Dios aprieta pero no ahoga. Si no encontramos recompensa en esta vida será en la otra, pero Él siempre aplica su justicia y su compasión. Quien posee multitud de materiales acaba siendo prisionero de su ego; quien dispone de poco valora profundamente lo que cuenta. No sólo depende de Dios nuestra vida, también de lo que dicte nuestra voluntad. Somos dueños de nosotros mismos. Dios nos deja escribir nuestra historia. Es menester saberle responder.

1 comentario:

Soldado Vikingo dijo...

A la gente no hay quien la entienda. No quiere creer en Dios porque dice que si existe, no sería libre; sin embargo, cuando las cosas se ponen mal enseguida acuden a Dios para que les solucione todo.